Un plano «ridículo» sin delimitar y una inversión exigida de 1,7 millones para un contrato de solo dos mese...

Basuras en Llucmajor: camiones millonarios para dos meses

politica Una ilustración satírica donde un funcionario con traje sostiene un dibujo infantil y garabateado de un mapa, mientras al fondo se ven camiones de basura gigantes y costosos estacionados en un desierto, estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de absurdo burocrático.

Gestionar el dinero público en Llucmajor parece haberse convertido en un ejercicio de surrealismo vanguardista. El empresario Bruno da Silva ha destapado una trama de gestión que haría palidecer a cualquier administrador serio. Imaginen la escena: el Ayuntamiento quiere adjudicar la recogida de basuras y, como hoja de ruta, entrega un plano que, según Da Silva, parece dibujado por un niño pequeño.

Sin límites claros, sin calles definidas, básicamente un 'aquí hay basura, recógela tú'. Cuando el empresario pidió que alguien de la brigada municipal, concretamente Sebastián Puig, le acompañara al terreno para no acabar en los juzgados por una calle olvidada, la respuesta fue un desplante técnico: que mirara el dibujo rudimentario y ya estaría. Pero lo verdaderamente delirante llega con la calculadora.

El consistorio exigía una inversión inicial de 1,7 millones de euros. Hablamos de comprar cuatro camiones compactadores nuevos, naves y equipo homologado. Un sablazo que cualquier empresario absorbería si el contrato fuera a largo plazo, pero aquí viene el giro de guion: el contrato de emergencia duraría solo dos meses.

Sí, han leído bien. Pedir que alguien compre una flota de camiones y monte una infraestructura industrial para trabajar sesenta días es como comprar un chalet en Mallorca para pasar un fin de semana. Da Silva lo resumió con una lucidez aplastante: ¿qué hace uno con los camiones después? ¿Hacerse un llavero? En un contexto donde se barajan contratos de hasta 53 millones de euros, esta improvisación no es un error administrativo; es una bofetada a la inteligencia del contribuyente.

Mientras los vecinos esperan que sus cubos no se desborden, en el despacho municipal juegan al Monopoly con fondos que no son suyos, exigiendo inversiones millonarias para contratos que caducan antes de que el camión termine de salir del concesionario.

Crítica:

La noticia es un despliegue de indignación empresarial, pero brilla por la ausencia de la versión oficial del Ayuntamiento. Es un monólogo de Da Silva que, aunque demoledor, deja el lado institucional en un silencio sospechosamente cómodo.

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