La crisis de Ceuta reaviva las sospechas sobre Pegasus: “La autoridad judicial debe determinar responsabilidades”

Pegasus y Ceuta: el regalo envenenado

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un teléfono inteligente antiguo y roto sobre una mesa de madera gastada, del cual emergen miles de cables negros que se transforman en sombras de agentes secretos. Al fondo, un mapa abstracto de Ceuta y Marruecos dividido por una línea de código binario digital. Estilo editorial de periódico, colores oscuros con contrastes en azul neón, atmósfera de misterio y vigilancia.

En el tablero geopolítico, hay quien juega al ajedrez y hay quien juega a las escondidas con la seguridad nacional. Mientras el ciudadano medio se pelea con la tarifa de la luz, el Gobierno español gestiona una brecha de seguridad que parece un colador. La crisis de Ceuta, con 80.000 personas cruzando la frontera, ha servido de despertador para un fantasma que no quiere morir: Pegasus.

Resulta fascinante que un grupo de hackers argelinos llamado Jabaroot decida hacer un 'gesto comercial' regalando a España la base de datos de 70.000 agentes y colaboradores marroquíes (DGST y DGSN). Un detalle curioso: Jabaroot ahora juega al misterio, insinuando que tiene los archivos del hackeo al teléfono de Pedro Sánchez.

Recordemos que el presidente no fue 'visitado' una sola vez, sino cinco. Le sacaron 2,6 gigas de información, una cantidad de datos que hoy en día equivaldría a vaciarle la cartera y el cajón de los calcetines en un descuido. Lo más excretionario es la sincronía: dos de esas infecciones ocurrieron el 19 y 21 de mayo de 2021, justo cuando más de 10.000 personas nadaban hacia Ceuta.

Coincidencia poética, ¿verdad? En el Congreso, Margarita Robles despliega el manual del 'estoy tranquila'. Afirma que nunca se ha sentido chantajeada por Marruecos, aunque admite que su teléfono también fue infectado por un desconocido. La justicia española, por su parte, ha practicado el deporte nacional del archivo.

Dos veces pasó el caso por la Audiencia Nacional y el juez José Luis Calama terminó archivándolo en enero de 2026. La razón es la 'impotencia investigadora', un término elegante para decir que Israel y NSO Group pasaron de todo y que Francia no aportó nada útil. Mientras tanto, Rabat sigue lanzando órdagos sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, y España responde con vehemencia verbal pero con una seguridad digital que da miedo.

Crítica:

El texto original es una sucesión de hechos que evita preguntar por qué la 'impotencia investigadora' es la norma en casos de Estado. Es una crónica de archivo disfrazada de noticia urgente.

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