Harvard deja fuera del acto de Pedro Sánchez en su universidad a los españoles con entrada confirmada para ...

Sánchez en Harvard: Comitiva VIP, españoles fuera

politica Una ilustración satírica de un lujoso desfile de coches negros negros brillantes frente a una universidad gótica clásica. En la entrada, una cuerda roja divide a un grupo de personas con pasaportes españoles que miran con incredulidad mientras un guardia les señala un cartel de 'Lleno', mientras que el interior del edificio brilla con una luz dorada y elitista.

Hay una elegancia muy particular en el arte de cerrar la puerta en la cara de los tuyos para que el discurso suene más limpio. Pedro Sánchez aterrizó en Harvard el pasado viernes con una comitiva que parecía la mudanza de un palacio: 13 vehículos oficiales más un trío de escoltas policiales.

Mientras el ciudadano medio se pelea con el precio del aceite, el presidente llegó a Massachusetts desplegando un despliegue logístico que ya quisiera para sí la 'Bestia' de Donald Trump. Pero el verdadero espectáculo no estuvo en el parking, sino en la lista de invitados del John F.

Kennedy Jr. Forum. En un giro digno de una comedia de enredos, Harvard decidió que los españoles con entrada confirmada eran, de repente, 'demasiados'. Un correo electrónico frío y genérico les avisó que el recinto estaba lleno, aunque curiosamente los extranjeros sí pasaron el filtro.

La jugada era clara: blindar el escenario contra preguntas incómodas y evitar que algún compatriota decidiera romper la armonía del evento. Una ingeniería social para que el presidente pudiera hablar de Louis Brandeis y de la lucha contra las 'nuevas oligarquías' tecnológicas sin que nadie le recordara las oligarquías más cercanas. Sánchez se paseó entre el decano David Deming, la decana Hopi Hoekstra y los catedráticos Shoshana Zuboff y Mathias Risse, predicando que la prosperidad debe compartirse.

Irónico que el mensaje de 'compartir' no llegara a los españoles que se quedaron fuera del aula. Al final, la mayoría logró colarse una vez empezado el acto, pero el mensaje quedó grabado: en el templo del saber, la prioridad era el silencio cómodo. La Moncloa emitió el evento en directo, convenientemente editado por la realidad de quien llega en trece coches pero no encuentra sitio para sus propios ciudadanos.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de indignación con datos anecdóticos. Le falta rigor en la confirmación de la 'censura' de invitados, basándose solo en el testimonio de una persona.

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