El crucero del hantavirus: cuando el protocolo se convierte en un chiste mal contado. Mientras el Gobierno repite como loros que el operativo del Hondius —ese crucero que parece sacado de una película de terror barato— es un ejemplo de «normalidad absoluta», un psiquiatra de Sanidad Exterior se baja de un microbús militar agitando su equipo de protección individual (EPI) como si fuera un abanico en un día de verano.
14 turistas españoles acababan de ser trasladados en ese mismo vehículo desde el barco al aeropuerto, y el tipo, que según OKDIARIO viajó allí por petición expresa del Ministerio de Mónica García, no solo no llevaba puesto el EPI, sino que lo exhibía como prueba de que, en realidad, le sobraba tiempo para preocuparse por el protocolo. ¿Un fallo aislado? Ni de coña.
Esto no es un glitch de sistema, es el colmo de la improvisación cuando el dinero público arde. Porque mientras el psiquiatra se bajaba del microbús como si el hantavirus fuera un resfriado más, Margarita Robles, ministra de Defensa, estaba digiriendo con mal sabor de boca que Sanidad le hubiera colado a la Unidad Militar de Emergencias (UME) el trabajo sucio de transportar a los afectados.
¿El resultado? Un operativo que huele a salsa de tomate echada sobre una chapuza: 14 pasajeros en un microbús militar (sí, como los de las películas de guerra, pero sin la épica), un psiquiatra sin protección que agitaba su EPI como si fuera un amuleto contra la mala suerte, y un Ministerio de Sanidad que, en lugar de asumir el desastre, prefiere vender la idea de que todo va «extraordinariamente bien». Pero el pastel se pone más gordo.
Mientras el Gobierno central se frota las manos por la «operación inédita», Fernando Clavijo, presidente de Canarias, no solo ha llamado desdén y desprecio a la actuación de Pedro Sánchez, sino que ha montado en cólera porque el Hondius lleva más de 24 horas fondeado frente a Granadilla sin permiso.
Técnicos canarios le advirtieron que el barco era un «peligro potencial», pero el Gobierno de España, en vez de escuchar, decidió improvisar un operativo que parece sacado de un sketch de El Intermedio. ¿El resultado? Una reunión de emergencia entre Clavijo, la presidenta del Cabildo de Tenerife y el alcalde de Granadilla para soltar un rotundo: «No vamos a autorizar esto». Datos duros que pican más que el hantavirus: - 14 turistas en un microbús militar (porque, claro, nada como mezclar lo público y lo privado para ahorrar). - Un psiquiatra de Sanidad sin EPI, agitando su equipo como si fuera un selfie de protesta. - 24 horas extra del crucero fondeado, a pesar de las advertencias técnicas. - Mónica García vendiendo «normalidad absoluta» mientras el operativo huele a improvisación con mayúsculas. ¿Y la UME en todo esto? Pues aguantando el chaparrón, porque cuando el Gobierno necesita un microbús para trasladar a gente en una emergencia sanitaria, no pregunta, ordena.
Y mientras, Defensa se rasga las vestiduras porque le han tirado un trabajo que no era suyo. ¿El colmo? Que todo esto pase mientras el Gobierno repite como un disco rayado que «todo va bien», como si el hantavirus fuera un virus de la gripe y no un peligro real que requiere protocolos serios, no improvisaciones de última hora. La ironía del caso: Mientras el psiquiatra agitaba su EPI en plena calle, Sanidad y Defensa se peleaban por quién había metido la pata.
¿El verdadero problema? Que en medio del lío, los 14 turistas (y quién sabe cuántos más) quedaron expuestos a un operativo que, en lugar de ser un ejemplo, parece sacado de un reality show de catástrofes. ¿Moraleja? Cuando el Gobierno dice que «todo va bien», revisa bien la foto: porque lo que ves no siempre es lo que hay.
Y en este caso, lo que hay es un microbús militar, un psiquiatra sin protección, y un crucero del hantavirus que parece más un plot twist de serie que una emergencia real. Bienvenidos al circo del hantavirus: donde el protocolo se escribe con tiza y la improvisación es la estrella del espectáculo.
Crítica:
El artículo deja claro que hay más dudas que respuestas: ¿por qué un psiquiatra de Sanidad viajó en un microbús militar sin EPI si el riesgo era real? Y lo peor: el Gobierno sigue vendiendo humo mientras los protocolos se pisotean. Falta el testimonio del psiquiatra y el informe técnico que justifique por qué el crucero siguió fondeado 24 horas extra. Pero bueno, en España, cuando hay chapuzas, siempre hay alguien que sale a decir que 'todo va bien' mientras el microbús se aleja sin rumbo.
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