The Chilling True Story Behind 'The Haunting In Connecticut'

Casa de la muerte revela verdades

social Una casa antigua de estilo colonial en Connecticut, con un sótano oscuro lleno de mesas de embalsamamiento, cajas de ataúdes y fotografías de personas con insignias de muerte. La luz tenue proyecta sombras que parecen moverse. El ambiente es gris y húmedo, con un toque de aire de desuso.

El 30 de junio de 1986, la familia Snedeker – Carmen Reed, Allen Snedeker y sus cuatro hijos, Philip, Bradley, Allen Jr. y Jennifer – se mudó a la casa de 208 Meriden Avenue en Southington, Connecticut, buscando un hogar más cercano al UConn Hospital para tratar la leucemia de Hodgkin que padecía Philip.

Lo que parecía un alquiler de quinta categoría se convirtió en un teatro de lo imposible cuando, en el sótano, descubrieron la vieja armadura de una funeraria: mesas de embalsamamiento, cajas de ataúdes y fotografías de fallecidos con las insignias de la Hallahan Funeral Home, la empresa que había operado allí durante décadas.

Darrell Kern, el propietario, admitió que la casa había sido un centro de entierros, pero aseguró haberle informado a los Snedeker antes de la firma del contrato, tal como reportó el Hartford Courant en 1992. Al principio, el horror se disparó contra Philip. La familia relató que el joven veía a un hombre de cabellera larga y negra que lo hablaba y lo amenazaba cada noche, algo que Carmen describió a People como “un espectro que le susurraba al oído”.

Los episodios se intensificaron: el agua de la fregona se volvió sangre roja, la familia escuchó un olor a carne podrida y, lo más grave, los adultos afirmaron haber sido violados por fuerzas invisibles. La tensión alcanzó su cumbre cuando Philip, influenciado por la “alucinación” de su entorno, atacó a su hermana Tammy, quedándose 45 días en el hospital y siendo diagnosticado con esquizofrenia, aunque los médicos descartaron que sus medicamentos para el cáncer pudieran haber provocado alucinaciones. Con la casa en llamas y la reputación en juego, los Snedeker recurrieron a Ed y Lorraine Warren, junto con un sacerdote, que realizó una exorcismo el 6 de septiembre de 1988.

La actividad supuestamente cesó, y la familia se mudó, sellando el capítulo de la supuesta “Casa de la Muerte”. Sin embargo, la verdad se esconde detrás de la película de 2009, “The Haunting in Connecticut”. La misma que alimentó la fama de los Warren. Testigos como el vecino Katherine Altemus y el reportero Jeffrey Pooler afirmaron que el trauma era un montaje para lucrar, señalando que el piso estaba “sobre el alquiler” y que los Snedeker “se veían siempre sonrientes” cuando salían a la calle.

Susan Trotta‑Smith, nueva dueña de la casa en 2009, calificó la historia de “Hollywood foolishness”. La crónica revela una historia donde el miedo se comercializa, la fe se mezcla con el drama y la verdad queda enterrada bajo capas de superstición y sospecha. La familia, la funeraria y los investigadores se convierten en piezas del mismo rompecabezas, con la ciudad de Southington como telón de fondo.

Crítica:

El relato se alimenta de rumores sin pruebas, dejando al lector con más dudas que certezas. La narrativa, aunque convincente, no logra disipar el escepticismo de los testigos.

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