El choque de la era del ‘sabor a la carta’ con el menú del día se ha vuelto la nueva moda en la capital de las compras. Si alguna vez pensaste que el almuerzo era un ritual, prepárate para ver cómo la cocina se ha metido al pasillo de la colada. En Mercadona y Alcampo se han instalado espacios de “comer en el local” que, según Worldpanel by Numerator, ya atraen a 1,3 millones de consumidores en España.
El impulso no es por un suspiro de sofisticación, sino por la urgencia de la vida moderna: rapidez, precio y comodidad. Un entrevistado, con la calma de un que se ha ganado el tiempo, dice que estas zonas son “muy útiles para los que trabajan cerca”, porque “puedes escoger lo que más te guste” y comer allí mismo.
Un cliente que se llama a sí mismo “el jefe del tiempo” hace énfasis en la flexibilidad: “voy a lo que quiero” y no pierdo ni una hora. La falta de tiempo, el nuevo jefe invisible, marca la elección. Cuando la oficina está a un paso, el empleado opta por la comida preparada, pues “es mucho más económico que ir a cualquier restaurante o cafetería”.
El precio prohibitivo del menú del día se convierte en la excusa perfecta para abandonar la tradición. Los consumidores ya no están satisfechos con la “lista de la compra” de un restaurante; quieren un menú que no les cargue el bolsillo. Pero no todo es de carne y salsa: la variedad también juega un papel crucial.
“La oferta variada es importante para el usuario”, añade un trabajador de la construcción que necesita calentar la comida en la zona de microondas del supermercado. Con 2025 marcando 6,9 millones de personas que compran comida en supermercados para consumir fuera del hogar y el consumo in situ duplicándose, el cambio es evidente.
El 47 % de los españoles asegura no tener tiempo libre. Así, el menú del día no se va a desaparecer de la noche a la mañana, pero la balanza se inclina fuertemente hacia la rapidez y la comodidad. El futuro de la comida en España es un buffet de microondas, no una mesa de café con la palabra “cocina”.
En esta nueva era, el almuerzo se ha vuelto un sprint más que un paseo.
Crítica:
El artículo subestima la resistencia cultural al cambio, y el título exagera el declive del menú sin evidencia de cierre de restaurantes.
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