La lotería de la selectividad según la autonomía: se puede aprobar Lengua estudiando media asignatura

PAU: aprobar Lengua es más fácil que hacer la compra

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  Una mesa de examen vacía con tres sillas, cada una etiquetada con los nombres de comunidades autónomas (Canarias, Madrid, Cataluña). Sobre la mesa, tres exámenes de Lengua con bloques de contenido desproporcionados: en Canarias, un bloque gigante (60%) y dos enanos; en Madrid, tres bloques iguales; en Cataluña, un bloque aún más grande (65%). Al fondo, un reloj de arena que se derrama sobre un billete de 10 euros (la nota). Estilo: fotografía documental surrealista, colores fríos y contrastes marcados, con una luz dramática que ilumina solo los bloques desproporcionados. Sin personas, solo objetos que simbolicen la desigualdad.

La lotería de la PAU: donde aprobar Lengua es como aprobar un examen de 30 minutos en un bar de tapas. Mientras 300.000 estudiantes sudan tinta en junio para acceder a la universidad, el sistema les juega una partida de póker con las reglas cambiantes según la comunidad autónoma.

El estudio de Escuela de Todos (sí, esa organización que parece un whistleblower con bata blanca) destapa que en Lengua Castellana, un alumno en Canarias puede colarse con un 6 sobre 10 respondiendo solo el 60% del examen (el bloque de Comunicación, que es como aprobar un comentario de texto y que te den el resto por hecho).

En Cataluña, el sablazo es aún mayor: 65% de la nota por dominar un solo bloque. Asturias, en cambio, premia a quien sepa gramática como un gramático del siglo XIX: 60% de la nota por aciertos en reflexión lingüística. Mientras, en Castilla y León o Extremadura, te exigen lo mismo que en un master de Filología: equilibrio en los tres bloques o a la calle. Matemáticas II, en teoría, es la asignatura que más ha mejorado.

Ya no hay comunidades donde bastara con saber solo Álgebra para sacarse un 10 como en 2023. Ahora, en el lado exigente (Madrid, Valencia, Murcia), hay que dominar tres de cuatro bloques para aspirar a nota alta. Pero en Asturias o País Vasco, siguen permitiendo esquivar temas como en un examen de conciencia: menos contenido, más opciones.

Historia de España, en cambio, sigue siendo un castigo de Sísifo con reglas distintas por autonomías. En Navarra, un 10 se logra estudiando solo Historia Contemporánea (y con opcionalidad de temas). En Madrid, te exigen siglos XIX, XX y medio del XVIII para no suspender, como si fuera un maratón de temarios. Lo peor es que la inflación de notas no es un fenómeno meteorológico: en 2023, un alumno en Cataluña podía sacarse un 8,5 respondiendo solo un bloque de Lengua.

Ahora, con la PAU 2025, el techo bajó a 6,5, pero sigue habiendo comunidades donde aprobar es como aprobar un casting de MasterChef: con un solo plato bien hecho, te dan el premio. Mientras, en Extremadura o Cantabria, te piden el menú completo o te quedas sin postre (la universidad). El dato que quema: el decreto de Bachillerato 2025 no obliga a las autonomías a repartir porcentajes equitativos entre bloques.

Cada una decide a su aire, como si fuera un menú del día donde unas ponen más carne (contenido) y otras más patatas (facilidad). Madrid y Castilla y León son las que más exigen, pero también las que menos regalan notas. Canarias, Cataluña o País Vasco, en cambio, parecen decir: «Tranquilo, que aquí hasta el suspenso sabe a gloria». La ironía del sistema: mientras los políticos discuten sobre igualdad de oportunidades, los estudiantes juegan a la ruleta rusa de la selectividad.

¿El resultado? Un 30% de las comunidades permiten aprobar sin dominar el 50% del temario. Como si el acceso a la universidad fuera un reality show donde el jurado (cada autonomía) tiene sus propios criterios de belleza. Y lo peor: el Ministerio de Educación mira para otro lado, como un padastro que sabe que sus hijos tienen ventajas...

pero prefiere no armar lío. La moraleja callejera: si tu hijo estudia en Asturias, reza para que le caiga el bloque de gramática. Si está en Madrid, compra un repaso histórico del grosor de la Biblia. Y si es de Canarias o Cataluña, avisa al banco: con lo que se ahorra en libros, le das un viaje a la universidad en primera.

Crítica:

El informe de Escuela de Todos es contundente, pero el Ministerio de Educación sigue actuando como un avestraptado: reconoce el problema en declaraciones, pero no actúa. El artículo no profundiza en quién decide estos pesos en cada comunidad (¿los profesores? ¿los políticos?), lo que deja un agujero en la explicación. Y aunque denuncia la falta de homogeneidad, no cuestiona si el modelo único impuesto en 2025 es realmente viable o solo un parche estético para contentar a Bruselas.

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