El Tribunal Constitucional celebra el Día de la Mujer como si fuera el after de una boda de pueblo: con bolsos de regalo, vino caro y una cantante que cobra por cantar su propio nombre. Mientras el 60% de las mujeres en España gana menos de 1.500 euros al mes, el presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido, decide que su evento corporativo merece 31.745,64 euros —sí, con decimales, porque hasta en la precisión se nota el detalle—.
Y no, no fue un error de calculadora: fue una ingenuidad financiera disfrazada de sensibilidad. Empecemos por lo simbólico: 400 bolsos tote (sí, esos que luego acaban en el armario como prueba de que una vez fuiste a un acto importante). 1.234 euros por 400 unidades, o lo que es lo mismo, 3 euros por bolsa —precio de un bolso de Ikea en rebajas, pero con el valor añadido de que el logo del Tribunal Constitucional parece un intento de arte urbano mal ejecutado—.
Random Marketing, la empresa elegida, debe estar celebrando: venderle a un organismo público es como venderle hielo a un esquimal, pero con menos escrúpulos. Pero el verdadero show lo pone el almuerzo. No para 400 mujeres, no: solo para 13 personas (incluida la vicepresidenta Inmaculada Montalbán Huertas, que parece ser la única que no necesita bolsa de regalo para recordar el evento).
1.219,90 euros en comida, pero 10.780 euros en vino español —sí, con tilde y con mayúsculas—. Ny Best Catering se llevó el pastel (y el Rioja) porque, según el TC, era la opción que más se ajustaba a las preferencias de la vicepresidenta. Traducido: el menú lo eligió quien manda, y el vino, quien tiene mejor conexión con Bodegas Riojanas. Mientras, Julia Medina —la cantante contratada a través de La Mentira S.L.— cobró 1.210 euros por lo que parece ser una interpretación de Felicidad en versión constitucional.
Servis Complet se llevó 7.997 euros por una trasera con diseño personalizado (sí, el TC tiene branding ahora) y Live Events otros 7.731,54 euros por iluminar un salón donde, probablemente, más gente vino a ver los bolsos que a escuchar a la artista. Jordi Majó Fontanet, el diseñador gráfico, facturó 1.573 euros por crear una imagen que luego se colgó en un escenario que costó más que el sueldo anual de muchas trabajadoras. Y aquí viene lo mejor: todos los contratos son menores.
Eso significa que no hubo competencia pública, ni transparencia, ni siquiera un low cost de la vergüenza. Solo ingeniería administrativa para gastar sin preguntas. Mientras fuera, el 22% de las mujeres en España vive en riesgo de pobreza, dentro del TC se decidía que el Día de la Mujer merecía un derroche digno de un reality de lujo. Conde-Pumpido podría argumentar que fue un acto de concienciación.
Pero cuando el presupuesto de un evento supera el sueldo anual de 20 empleadas de limpieza, la concienciación huele a hipocresía con aroma a vino caro. El TC no solo no es un tribunal de igualdad: es un espejo donde se refleja cómo el dinero público se convierte en moneda de cambio para eventos que ni siquiera cumplen su propósito simbólico. Dato clave extra: Mientras el TC gastaba en bolsos, el Ministerio de Igualdad recortaba subvenciones a asociaciones feministas.
Coincidencia? No. Sistema.
Crítica:
El artículo desglosa los datos con precisión quirúrgica, pero pecaría de ingenuo al no cuestionar por qué ningún medio preguntó por el destino de esos 400 bolsos (¿acabaron en contenedores de R o en el armario de algún magistrado?). Además, el título original es demasiado generoso: no fue un 'gasto', fue un desvío de fondos con disfraz de igualdad.
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