El Gobierno que no quería hablar... pero habló mucho.
Mientras Pedro Sánchez y su equipo se afanaban en pintar a Víctor de Aldama como un chivato incómodo, los registros telefónicos del Palacio de la Moncloa contaban otra historia: 15 llamadas en menos de tres meses con el portavoz del empresario, Ramón Bermejo.
No eran charlas de pasillo, sino conversaciones con reloj: 15 minutos y 30 segundos el 25 de junio a las 9:47 de la mañana (sí, antes de que cerraran los bancos), más otras tres de más de cinco minutos en julio y agosto. ¿Tema? Evitar que Aldama tirara de la manta y destapara más suciedad en el caso Koldo, esa trama que ya había dejado a la Guardia Civil con los dientes largos y al Tribunal Supremo con la cabeza como un bombo.
Los datos son crueles: dos departamentos de Moncloa —el Gabinete de Sánchez (entonces dirigido por Óscar López, hoy ministro de lo Digital, ironías de la vida) y el área de Félix Bolaños— se coordinaron para gestionar al empresario.
Bolaños, por cierto, el mismo que ahora demanda a Aldama por 70.000 euros por difamarle (aunque los registros demuestran que hablaron más que un teleoperador de luz en agosto). El ministro juró y perjuró que nunca había hablado con Aldama, pero los teléfonos no mienten: 15 llamadas, señores.
Como cuando tu vecino dice que no te ha visto en años y, de repente, aparece en tu WhatsApp con visto a las 3:17 AM.
Pero hay más. Mientras el PSOE amenazaba con querellas que nunca llegaron (como promesas de año nuevo), la Fiscalía Anticorrupción, liderada por Alejandro Luzón, alababa la colaboración de Aldama en el juicio del Supremo.
Luzón llegó a decir que sus pruebas habían ayudado a esclarecer adjudicaciones y movimientos económicos. Traducción: el Gobierno que tachaba de mentiroso a Aldama dependía de él para cerrar el caso. Como cuando tu jefe te dice que tu informe es basura... y luego lo copia para el cliente.
Y aquí viene lo mejor: Patxi López, portavoz del PSOE en el Congreso, se rasgó las vestiduras porque el PP pidió considerar la colaboración de Aldama para rebajar su pena.
¡Escándalo!, gritó. Pero, ¿dónde estaba ese escándalo cuando el Gobierno negociaba en secreto con él para que callara? Como cuando tu suegra te dice que no te soporta... y luego te invita a comer los domingos.
El caso Koldo sigue sin explicaciones claras de José Luis Ábalos o Koldo García, dos nombres que suenan a sopa de letras pero que, según Aldama, saben más de lo que dicen.
Mientras, Moncloa sigue jugando al ping-pong judicial: demandas que no se presentan, declaraciones que se contradicen y teléfonos que delatan. La pregunta del millón es: ¿por qué un Gobierno que niega cualquier contacto habló tanto con el acusado? Quizá porque, en política, la verdad es como el mercado: cuando sube, todos corren.
Crítica:
El artículo desmonta la versión oficial con datos irrefutables (registros telefónicos, declaraciones judiciales), pero pecaría de optimista si no profundizara en qué se dijo exactamente en esas 15 llamadas. La hipocresía está servida, pero el menú podría ser más contundente con transcripciones o testigos clave. Eso sí, el contraste entre las llamadas y las negativas públicas es una joya de ironía política.
Comentarios