Médicos atacados, récord histórico 2025 y jóvenes
En medio de la mañana de febrero, el eco de un martillo de acero retumba en la sala de emergencias de un hospital de Madrid. Un médico de atención primaria, con la bata blanca aún húmeda de sudor, se sujeta el cuello mientras una multitud de voces y gestos agresivos se ciernen sobre él. La escena, tan real como una fotografía, ilustra el récord histórico de 879 agresiones reportadas en 2025, un aumento del 4 % respecto al año anterior y la cifra más alta de la serie histórica desde 2022, cuando se registraron 843 incidentes. El informe del Observatorio de Agresiones a Médicos 2025, elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC), revela que el 20 % de los ataques resultan en lesiones físicas, un salto del 73 % del año previo, mientras que el 80 % restante se manifiesta como violencia psicológica. En la zona de atención primaria, la OMC destaca que el 58,6 % de las agresiones ocurren y que las médicas sufren el 63,7 % de los ataques, subrayando la vulnerabilidad de las mujeres en el ámbito clínico.
Los datos también señalan que el 80 % de los incidentes se producen en consultas habituales, con causas que van desde disputas sobre la calidad de la atención hasta desacuerdos por bajas laborales y prescripciones. Los agresores, en su mayoría adultos en edad activa, se distribuyen del 49,9 % entre 40–60 años, 37,2 % menores de 40 y 12,9 % mayores de 60, lo que descarta la edad avanzada como factor determinante. Paralelamente, la OMC alerta sobre un aumento sin precedentes de agresiones en centros privados, subiendo del 12 % al 17 % en 2025.
La magnitud del problema se amplía cuando se contempla el panorama nacional. El subdirector de Cohesión y Alta Inspección del Ministerio de Igualdad, Juan Julián García, anunció 18 563 agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud en 2025, un incremento del 8,8 % frente a 17 070 del año anterior, equivalente a 24,37 notificaciones por cada 1 000 profesionales. Aun así, solo el 48,8 % de los incidentes se denuncian formalmente, y el 13,5 % resultan en baja laboral, afectando directamente la continuidad asistencial.
El presidente de la OMC, Tomás Cobo, calificó la violencia sanitaria como un ataque directo a la calidad asistencial y un problema de Estado que exige consenso. Sin embargo, la mayoría de los facultativos, según el secretario general José María Rodríguez Vicente, siguen subreportando las agresiones, dejando que la cifra oficial represente solo la punta del iceberg. La combinación de datos, voces de los profesionales y la reticencia a denunciar pintan un panorama alarmante que exige medidas urgentes y sostenibles para proteger a quienes cuidan de la vida.
Rocío Cano