After news about Oliver Sacks's "lies", we revisit his best-loved book

Sacks: El 'Cuddly' Mentiroso de la Neurociencia

ciencia Una biblioteca antigua y polvorienta. Un cerebro humano estilizado hecho de cristal roto, con grietas que se iluminan desde dentro. Tonos sepia y ocres, atmósfera melancólica y reflexiva. Estilo pictórico, reminiscencias de Caravaggio.

El doctor Sacks, ese abuelo entrañable de la neuropsicología, resulta ser un poquito… creativo con la verdad. Su libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, esa biblia para estudiantes de psicología, ahora tiene una mancha de óxido del tamaño de un autobús.

Rachel Aviv, con acceso a los diarios privados del bueno de Oliver, desenmascaró un agujero contable de “guilt” y “falsificación” en sus casos clínicos. ¿La paciente que no abría una puerta con llave y luego triunfó en el teatro? Puro humo. ¿Gemelos calculando números primos como si fueran caramelos? Ficción científica.

La cosa no es nueva: el libro, publicado en 1985, ya chirriaba con lenguaje poco inclusivo y reflexiones pretenciosas. Pero la bomba de Aviv dinamitó la reputación de Sacks. Mientras el precio de un café sube cada día, la credibilidad de un científico puede desplomarse en un abrir y cerrar de ojos, con una sola revelación.

Sacks, un hombre atormentado por su propia sexualidad reprimida, parece haber convertido el dolor personal en historias clínicas, y luego se sintió culpable por ello. ¿Se puede salvar algo del naufragio? Sí, la empatía. El libro, aunque no sea un tratado científico riguroso, te mete en la cabeza de gente que percibe el mundo de forma radicalmente diferente.

Pero léelo con pinzas, como si fuera una oferta de rebaja demasiado buena para ser verdad. Porque, al final, lo que tenemos es una novela disfrazada de realidad, un “¿y si…?” neurocientífico con sabor agridulce. El doctor Sacks nos hacía ver el mundo a través de otros ojos, pero ahora sabemos que esos ojos, quizás, veían las cosas un poco mejor de lo que eran.

Crítica:

El texto se centra demasiado en las motivaciones personales de Sacks, desviándose del núcleo de la controversia científica. El título, aunque llamativo, simplifica en exceso un debate complejo.

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