The Surprising Reason Al Pacino Turned Down the Part of Han Solo in Star Wars

Al Pacino dejó Solo y se quedó

cultura Un escenario de teatro de Broadway iluminado con luces de neón, con un actor pensativo en el centro rodeado de carteles de películas y un enorme manuscrito de Star Wars flotando sobre su cabeza como si fuera una lluvia de estrellas.

Al Pacino, en la cúspide de su gloria en los 70, estaba a un paso de convertirse en un héroe galáctico. La historia de Hollywood está llena de ‘almost‑roles’ que terminan en la lista de la compra del éxito: John Travolta, que eligió Pulp Fiction sobre Forrest Gump; Gwyneth Paltrow, que dio la vuelta a Titanic; Johnny Depp, que se quedó con Ferris Bueller; Madonna, que negó Catwoman y un papel sin nombre en Matrix; y Sean Connery, que perdió casi 500 millones de dólares al decir ‘no’ a Gandalf.

Pacino, con su tercera nominación al Oscar por Los Padrinos II, era el candidato ideal según la agenda de George Lucas, quien había sacado 750 000 € de su presupuesto de American Graffiti y lo había convertido en más de 37 millones, multiplicándolo cincuenta veces. Lucas, con la seguridad financiera de ese éxito, se lanzó al universo de Star Wars y buscó al perfecto smuggler para Han Solo.

Se le ofreció a Pacino un papel con un sueldo que, sin duda, habría echado al actor al siguiente nivel de su carrera, pero el guion le llegó en la sala de vestuario de Broadway y, como si fuera un chiste de la vida cotidiana, el guion era tan confuso como tratar de entender la lista de la compra de un vecino que habla con acento de alien.

“I don’t understand … I must be out of space myself,” dijo Pacino a Entertainment Weekly en 2025, mientras buscaba la palabra ‘espacio’ en el papel. Lamentó su falta de entendimiento al acudir a su mentor, Charlie Laughton, quien, con la misma frialdad de un cajero de banco, respondió: “I don’t get it.” Pacino, con la misma frialdad que un panadero que descubre que su masa no levanta, se negó a interpretar a un personaje que no podía hablar.

La decisión no le hizo perder la carrera: Harrison Ford acabó con la fama, Mark Hamill con la fuerza, y Jodie Foster, obligada por contratos de Disney, cedió el papel de Leia a Carrie Fisher. Pacino, con la misma ironía que un chef que deja la salsa en el fuego, se sintió “en el humor” de ayudar a que Ford se convirtiera en leyenda.

La lección de la noche es simple: a veces, el precio más alto es simplemente no entender el guion.

Crítica:

El relato se queda en la curiosidad sin explorar el contexto cultural que rodea la decisión. La pieza suena más a anecdota que a análisis profundo.

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