Pedro Sánchez ha reducido su círculo político a su mínima expresión y concentra el control de la agenda en su jefe de gabinete, Diego Rubio, ante la creciente desconfianza hacia sus ministros. Este repliegue coincide con un momento de bloqueo parlamentario, desgaste electoral y deterioro de las relaciones con sus socios, que han dejado al Gobierno sin capacidad para sacar adelante sus principales proyectos.
La desclasificación de los documentos del 23-F es una medida de alto contenido simbólico diseñada para ocupar el centro del debate público. El presidente ha impulsado anuncios como la reforma constitucional del aborto y la ofensiva contra las grandes plataformas digitales. Estas iniciativas no surgen de los ministerios, sino del equipo de Presidencia.
El Gobierno sigue sin Presupuestos y mantiene congeladas reformas que Sánchez anunció, como el plan anticorrupción y el impuesto al diésel pactado con Bruselas. La relación con los socios no ofrece margen de maniobra, y Junts ha certificado su ruptura con el Ejecutivo. El resultado es un modelo de poder cada vez más concentrado en torno al presidente y su gabinete de confianza.
Crítica:
El artículo revela la estrategia de Sánchez para mantener el control en un momento de debilidad política, pero omite detalles sobre las posibles consecuencias a largo plazo. El título es certero, pero podría ser más específico sobre las implicaciones de esta 'bunkerización'.
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