La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha colocado a la Unión Europea en una encrucijada estratégica. España, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, ha decidido no alinearse con la postura de las grandes potencias europeas como Alemania, Francia e Italia, que se mostraron más cercanas a la posición de Washington y Tel Aviv.
El pasado domingo, durante una reunión extraordinaria de ministros de Exteriores de la UE, Sánchez intentó que se condenara de forma expresa el ataque ordenado por Donald Trump y ejecutado junto a Benjamín Netanyahu, pero su propuesta fue rechazada. El resultado fue un comunicado ambiguo que no mencionaba a los responsables del ataque, dejando a España en minoría.
Fuentes gubernamentales aseguran que los principales opositores fueron Alemania, Francia e Italia, quienes prefirieron pedir contención sin mencionar a Washington o Tel Aviv. La discrepancia ha tensado la relación bilateral con Estados Unidos, que ha retirado varios aviones cisterna de las bases españolas de Morón y Rota, utilizadas como nodos logísticos para operaciones en Oriente Próximo.
El Pentágono ha reubicado estos medios en otras instalaciones europeas más alineadas con su política. La decisión de Sánchez refleja una postura coherente con el derecho internacional y la defensa de una solución diplomática, aunque esto implique quedar fuera del consenso dominante en la UE y asumir el coste político de la discrepancia.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó que los aviones se marcharon porque España no autorizaría su uso para apoyar la ofensiva contra Irán. El convenio bilateral entre España y Estados Unidos obliga a contar con el visto bueno de Moncloa para ese tipo de operaciones.
La tensión entre España y Estados Unidos evidencia el margen limitado que tiene Madrid para influir en la política exterior europea cuando entra en conflicto con las principales capitales. La UE, por su parte, mantiene una posición crítica con el régimen iraní, pero no ha logrado construir una respuesta común sólida a la escalada militar.
La Comisión Europea ha condenado las acciones de Teherán, pero no las de Estados Unidos e Israel.
Crítica:
El artículo revela la tensión entre España y EEUU sin profundizar en las consecuencias a largo plazo. La postura de Sánchez es coherente, pero ¿a qué coste?
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