Hasta 20.000 menas y extutelados podrían beneficiarse de la regularización masiva del Gobierno

Menas y extutelados, la nueva ola

politica Una avenida urbana con carteles de "Regularización" y jóvenes de diversas etnias mirando pasaportes, sin rostros, con la sombra de edificios modernos y luces de neón que reflejan la tensión de la migración

La regularización masiva de Pedro Sánchez no es un simple expediente de inmigración; es una especie de buffet de oportunidades para un sector que ha crecido más rápido que la espuma de una cerveza. En septiembre de 2025, 20 116 menas y extutelados, de 16 a 23 años con autorización de residencia vigente, se alinean como los últimos puestos de la fila de la Renta.

Es un 155,3 % más que los 7 878 de junio de 2021, lo que deja a la nación con 12 238 jóvenes extranjeros solos que no saben si están en la lista de la compra o en la lista de espera de un banco. La edad media de estos veinte mil es de 19 años, una cifra que suena tan fresca como una bebida sin azúcar el lunes por la mañana.

El 6 % son mujeres, el resto son hombres que se han convertido en el nuevo pilar de la economía informal. En cuanto a nacionalidades, Marruecos sigue siendo la reina del trono con 10 921, seguida de Gambia (2 567), Argelia (2 063), Senegal (1 680) y Mali (580). En 2021, los marroquíes representaban el 76 % del total; hoy, el 54 %. Los 16‑17 años, que en 2021 eran el 27 % (2 158) de la franja, se han disparado al 17 % (3 510) en 2025, un aumento del 62,7 %.

Pero el crecimiento en la franja de 18‑23 años es el verdadero espectáculo: 190,3 % más, de 5 720 a 16 606. Y aunque el 97 % de los menores de 17 años ya tiene permiso temporal para residir y trabajar, la realidad laboral es un laberinto sin salida, porque la tarjeta de residencia no reconoce explícitamente ese derecho. El gobierno abre la puerta a los que llegaron antes de diciembre de 2025; los ucranianos, refugiados de la guerra de 2022, son los únicos que quedan fuera.

El desconcierto que provocó la decisión es tan grande que se podría usar como salsa para la paella de la política. Cuando el gobierno promete regularizar, la realidad es que la inclusión se convierte en un juego de exclusiones. Y la excepción de los ucranianos demuestra que la política de “regularización” es tan selectiva como un club de barrio con lista de espera.

Crítica:

Falta profundizar en el impacto social real. El título suena grandilocuente sin mostrar el trato desigual.

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