El PSOE intenta culpar del accidente de Adamuz a la Junta y Sanz responde: "Es una cortina de humo"

PSOE al fuego: culpable, no la Junta

politica Una escena nocturna de Adamuz con la luz de un tren AVE detenido sobre una vía rota, sombras de sirenas y una multitud de personas mirando al horizonte, contraste de luces y sombras, estilo realista, sin texto ni rostros

La noche del 18 de enero, la estrella de un AVE se apagó sobre la vía de Adamuz, dejando 46 almas en la oscuridad y un debate más que un cuento de hadas. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez aún no ha puesto la silla de la culpa en la mesa, su ministro de Transportes, Óscar Puente, cambió la versión del suceso como si fuera la última edición de una revista de moda.

La Guardia Civil, con la diligencia de un chef que revisa la receta, descubrió que la vía se rompió 24 horas antes, y que la lista de irregularidades que desembocó en la tragedia era más larga que la lista de la compra de un supermercado de barrio. El PSOE, como un vendedor con la boca llena, intenta pasar la culpa a la Junta de Andalucía, que según la lógica del partido no tiene nada que ver con el mantenimiento de las vías del AVE –eso se gestiona con Adif, la empresa pública que pertenece al Ministerio de Transportes.

El político de Cádiz, María Jesús Montero, acusa a Juanma Moreno de “ocultar” la responsabilidad del 061 y 112, como si fuera un truco de magia en la calle. La Junta, con la calma de un barista que reparte café sin prisa, responde que la maniobra del PSOE es una “cortina de humo” que busca cubrir la propia “gravísima responsabilidad” del ministro. Antonio Sanz, con la voz de un fiscal de la calle, se niega a debatir con la Asociación de Víctimas y califica la actuación de los servicios de emergencias como “perfecta”.

Se defiende diciendo que el 112 no se cayó, sino que simplemente duplicó los efectivos, y que las llamadas se anotaron en papel porque el sistema se estrelló como un coche sin frenos. Mientras tanto, Óscar Puente elogia a los profesionales de emergencias, como si hubiera un premio de la buena onda, intentando, con la sutileza de un político bajo presión, redirigir la atención de la tragedia a un discurso electoral. En esta novela de la política, la verdad se oculta detrás de llamativos titulares y la culpa se vende como un paquete de chicles de sabor.

La gente, con la paciencia de quien espera el bus en la esquina, se pregunta si la culpa se ha trasladado a la Junta o si el gobierno sigue sin decir quién perdió la llave del tren.

Crítica:

El artículo deja al lector con la sensación de que la culpa se vende como un paquete de chicles sin sabor. La falta de datos concretos sobre la responsabilidad de Adif hace que parezca un intento de desviar la atención.

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