Cuando el gobierno de la U.S. decide que la amenaza más real es un enjambre de cadáveres con hambre de carne humana, se abre un capítulo de la burocracia que mezcla la ironía con la gravedad de un documento oficial. En 2011, una tripulación de oficiales de rango junior en el USSTRATCOM, con sede en Omaha, Nebraska, sacó a la luz el CONPLAN 8888, un plan que, según la propia introducción, no es una broma.
El texto, titulado “Counter‑Zombie Dominance”, se lee como un manual de estrategia militar: “Zombies son una amenaza horrible… la prevención de una población zombificada es vital para los intereses nacionales”. La curiosidad surge cuando se descubre que el plan se publicó en 2014 gracias a la revista Foreign Policy y se actualizó en enero de 2026, manteniendo la misma rigurosidad de un informe de defensa tradicional. La propuesta se divide en seis fases: Shape y Deter, donde el gobierno vigila eventos que pudieran dar lugar a zombis; Seize Initiative y Dominate, con operaciones de captura y eliminación activa; Stabilize, buscando eliminar los últimos focos; y Restore Civil Authority, devolviendo el control a las autoridades civiles.
El documento subraya la facilidad de usar “kill‑on‑sight” contra los muertos vivientes, pues las normas internacionales sólo regulan el combate contra seres vivos. La narrativa se extiende más allá de las fronteras estadounidenses, anticipando ataques coordinados contra zombis en otros países y estableciendo “confidence‑building measures” para evitar malinterpretar la preparación como una amenaza nuclear a Rusia o China. El plan no se limita a los clásicos Pathogenic Zombies; incluye variantes de Radiación, de la “Evil Magic” de experimentos ocultos, de Space Zombies provocados por toxinas alienígenas, y hasta Vegetarian Zombies que devoran cultivos, poniendo en riesgo la cadena alimentaria.
Y para cerrar la lista, Chicken Zombies, que según un informe AP de 2006, son reales: pollos que sobreviven tras ser esterilizados en cámaras con CO₂. Aunque la intención declarada es la de entrenar a oficiales en la elaboración de planes, la publicación del CONPLAN 8888 también sirve como ejercicio diplomático: usar un adversario ficticio permite practicar la movilización de recursos, la declaración de ley marcial y la coordinación con FEMA sin provocar crisis internacionales.
Al final, la burocracia demuestra que, aunque la realidad política sea más urgente, la preparación para una invasión de zombis sigue siendo un ejercicio de gasto y prestigio institucional.
Crítica:
El plan es tan serio que la ironía se queda en la hoja. Falta explicar por qué se gasta dinero en zombis cuando la política real es más urgente.
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