En el balde de la política española, Vox se está preparando para lanzar un tiro de bala contra la presidenta de la Asamblea de Baleares, Francina Armengol, por un supuesto ‘falso testimonio’ que, según la teoría del partido, ha reprobado en la plaza de los Congresos, Senado y hasta el Tribunal Supremo.
La jugada parece sacada de un guion de telenovela donde las mentiras se venden al por mayor y la justicia se ofrece a la venta con un precio de etiqueta de “falta de veracidad”. El asunto se remonta al 5 de marzo de 2024, día en que Armengol, con la timidez de un niño que se ha metido en una sopa de palabras, declaraba ser víctima y no cómplice de la compra de mascarillas, y que los técnicos habían elegido el modelo.
Un día después, la prensa, como el horno que no se deja enfriar, desmontó su versión y reveló que la compra había sido gestionada por el Servicio Balear de Salud, lo que la UCO confirma en su informe. El 20 de mayo, bajo la presión de la audiencia, Armengol volvió a negar cualquier conversación con Koldo, el titiritero de la mascarilla, antes de que el Guardia Civil encontrara pruebas de un chat con la frase: "¿Sabes quién vende mascarillas?".
El 31 de mayo, en la comisión de investigación del Parlament balear, se encontraba entre los que, con la confianza de un vendedor de billetes falsos, aseguraba que en una investigación no se podía mentir. Pero, la noche de la verdad, la misma Armengol reconoció que, quizá, había sido acompañada por Víctor de Aldama, el empresario de la trama, mientras se encontraba en la sede del Gobierno balear, bajo un paraguas de Air Europa. El 8 de julio, frente al Senado, Armengol mantuvo la línea de mentiras, con la firmeza de un cliente que se niega a pagar la factura.
Luego, su declaración escrita ante el Tribunal Supremo, donde negó haber dado órdenes de compra a Soluciones de Gestión, es la última pieza del rompecabezas: la UCO ha dejado entrever que la presidenta ha estado en la cola de la misma compra, al menos en la conversación. Vox, con la determinación de quemar la estela de la evidencia, está analizando tres vías para llevar la denuncia al Ministerio Fiscal: la vía directa, el impulso de una Proposición No de Ley con el respaldo del PP, y la opción más dudosa de que el Parlament denuncie a Armengol a través de la Mesa del Parlament.
La primera opción, la que se abre como la puerta de la caja fuerte, parece la más probable. ¿El mensaje? En la política balear, las mentiras se venden con la misma regularidad que la gasolina en la estación: a la hora de la crisis, la verdad se vende a la vista del público, pero el precio siempre es la misma: el daño irreparable que deja una confesión tardía.
Crítica:
El artículo se queda a mitad del caso sin profundizar en las pruebas concretas. El tono, aunque mordaz, carece de fuentes verificables.
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