El día que Víctor de Aldama juró que el juicio Koldo era un “desastre” de la misma manera que la última temporada de su telenovela favorita, Begoña Gómez, la esposa del presidente, se encontró con Vito Quiles en la entrada de una cafetería en Madrid. Lo que parecía un encuentro casual se volvió un episodio de telenovela real: una mujer rubia de rojo, con una sonrisa que rivaliza con el café de la esquina, agarró al periodista y lanzó un despotricio que habría hecho que cualquier público se quedara sin aliento. La escena se filmó con la misma calidad de un video de TikTok: el sonido del fondo, el latido del corazón del presente, y la mirada congelada de las acompañantes de Gómez, quienes, según el propio periodista, se deshacen de sus “chanchullos” con la misma rapidez con la que se cierra una caja de cereales.
El “chanchullo” de la mujer rubia, que se identifica como Blanca de Juan de Castro, excoordinadora del Máster de Dirección de Fundraising Público y Privado en la ONL de la Universidad Complutense, se desliza entre los murmullos de la cafetería como un paquete de papas fritas que se cae al suelo. La otra acompañante, Lourdes Solís, con la elegancia de una jugadora de tenis que no sabe que está en la pista, es la coordinadora de gerencia del PSOE de Torrelodones desde 2018.
Su carrera política, tan corta como un paquete de galletas, ha sido objeto de críticas en las redes sociales. Los usuarios señalan que su entrada al partido, sin experiencia previa, parece un salto de fe de un personaje de telenovela que se cree que la escena del “chanchullo” es un simple “cambio de guion”. A nivel de cifras, la escena tuvo lugar el mismo día que Víctor de Aldama declaró su posición sobre el juicio Koldo.
El periodista, que no se ha identificado, grabó el encuentro con un smartphone en la mano, tal cual los influencers lo hacen con sus selfies. El tono de la mujer rubia, “¡Que te quites, quita esa mierda, no tienes nada mejor que hacer!”, se vuelve la frase más viral del día, con más de 10.000 reacciones en 24 horas. Esta crónica no es un guion de vídeo, ni un anuncio de producto.
Es una crónica de política con la energía de un bar de tapas en plena hora pico: la mirada se gira, se siente el calor, y la verdadera pregunta es: ¿Quién está realmente en la mesa de la política y quién solo está allí para vender la última edición de un folleto de campaña? La respuesta está en los rostros de las acompañantes y en el silencio que se produce cuando el periodista se retira a la mesa para “tomar un café”. La escena, sin escoltas visibles y con la presencia de un conductor que parece más bien un camarero, muestra el contraste entre la imagen pública del “chanchullo” y la realidad de una política que se enfrenta a una crítica pública que es tan fuerte como el espresso que se sirve al lado.
Crítica:
El artículo recurre a la polémica sin profundizar en la motivación política. La falta de verificación de las acusaciones sobre la “red de influencias” deja al lector con más preguntas que respuestas.
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