Bruselas investiga si España pagó con fondos UE los contratos de escuchas de Huawei

España gastó 12M en Huawei... con dinero de la UE

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  Una oficina gubernamental en penumbra, con un escritorio de madera oscura donde se apilan documentos sellados con el escudo de la UE y el de España. Sobre el escritorio, un ordenador antiguo parpadea con un mensaje de error en pantalla: 'FONDOS DESVIADOS — ¿A QUÉ JUEGAS, PEDRO?'. Al fondo, una sombra borrosa (un espía chino con traje gris) observa desde una pantalla de vigilancia mientras un sobre con el logo de Huawei cae abierto, dejando escapar billetes de euros y un contrato firmado con tinta roja. La luz entra por una ventana sucia, iluminando solo un letrero en la pared: 'SECTORES CRÍTICOS — TODO MENOS ESTO'. Estilo: fotografía analógica en blanco y negro con tonos sepia, inspirada en el cine de espías de los 70, pero con un toque de documental incómodo.

El Gobierno tiró 12 millones de euros a un pozo sin fondo (y Huawei se llevó el botín). Mientras Bruselas prohíbe a los Estados miembros comprar tecnología china en sectores críticos —como si fuera un supermercado con letreros de 'Oferta: solo para espías'—, España se saltó la norma como quien se saltea el semáforo en rojo.

El Ministerio del Interior, ese fort Knox digital donde se guardan las escuchas telefónicas de medio país, contrató a Huawei (sí, aquella Huawei, la que Washington y la UE persiguen como a un fantasma en una tienda de porcelana) para modernizar su sistema SITEL, un software tan sensible que hasta el nombre suena a código de película de espías. Lo peor: 12 millones de euros —el precio de 12.000 coches eléctricos, 120.000 abonos de gimnasio anuales o, digámoslo claro, 12 años de sueldo de un policía— podrían haber salido de los fondos Next Generation, ese dinero europeo que Bruselas reparte como si fuera la lotería de la recuperación post-COVID.

Pero aquí viene lo gracioso: la Comisión Europea ya vetó a Huawei en 2020 para redes 5G, y ahora quiere extender el veto a 18 sectores estratégicos (desde coches autónomos hasta drones, pasando por parques solares). Eso sí, en el caso de las escuchas, la trazabilidad es más complicada que resolver un cubo de Rubik a ciegas: los contratos son reservados, los proveedores no ponen etiquetas de 'Hecho en China con amor', y los papeles huelen a humo de archivador mal cerrado. Pedro Sánchez, que tanto alardea de su europeísmo, parece haber olvidado que Bruselas no es un buffet libre donde puedes servirte de lo que te apetezca.

Mientras la UE obliga a Alemania, Francia o Suecia a echar a Huawei de sus redes como si quemara, España contrató al gigante chino en 2024 para ampliar el almacenamiento de SITEL con sus OceanStor 6800 V5 —un nombre que suena a tecnología de última generación, pero que para el Ministerio del Interior ya era motivo de suspicacias en 2025.

¿Riesgo de seguridad? Claro que sí. ¿Que alguien lo pregunte? Mejor no. Y aquí viene el guante de seda (para no decir puño de hierro): José Luis Rodríguez Zapatero, ese hombre orquesta de los contratos polémicos, aparece de nuevo en el escenario como el director de una obra donde los actores son los fondos públicos y el guion, la opacidad.

Porque, seamos honestos, si hay algo que une a Sánchez y Zapatero es su talento para negociar con proveedores dudosos mientras Bruselas mira para otro lado. En 2020, la UE recomendó excluir a Huawei de lo que considerara crítico. Hoy, con la nueva Ley de Ciberseguridad, el veto es casi obligatorio.

Pero en España, mientras tanto, alguien en el Interior firmó cheques sin preguntar de dónde venía el dinero. La ironía del siglo: la misma UE que prohíbe a España comprar inversores chinos para parques solares (porque, según ellos, podrían sabotear la transición ecológica) no pone el grito en el cielo cuando ese mismo dinero público acaba en manos de Huawei para espiar ciudadanos.

¿Será que las escuchas telefónicas son menos importantes que los paneles solares? O quizá Bruselas prefiera que los espías chinos trabajen para el Estado español antes que para una cooperativa de energías renovables. Lo peor es que esto no es un sketch de El Intermedio.

Es realidad: 12 millones, contratos opacos, tecnología prohibida y un Gobierno que juega a las rusas con la seguridad nacional mientras Europa le mira con cara de '¿otra vez?'. La próxima vez que te multen por no pagar el parking, recuerda: al menos tú no estás financiando con dinero europeo un sistema de interceptación que podría ser el regalo de cumpleaños de Pekín.

Crítica:

El artículo acierta al desmenuzar la opacidad de los contratos, pero deja en la sombra el papel concreto de la vicepresidencia de Memoria Histórica (que podría saber algo de memorias poco transparentes) y no profundiza en si otros países han usado fondos UE para lo mismo. Eso sí, el sarcasmo es quirúrgico: convertir 12 millones en 'el sueldo de 12 años de un policía' es periodismo que duele y divierte a partes iguales. Solo le falta un gráfico: el mapa de Europa con España en rojo, como un semáforo en rojo, y Bruselas con cara de '¿otra vez?'.

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