El Ministerio de Igualdad repite ficha con Vodafone para las pulseras antimaltrato. Mientras los feminicidios siguen siendo un dolor estadístico —111 mujeres asesinadas en 2025, según el Ministerio del Interior—, el Gobierno socialista de Ana Redondo ha decidido confiarle a la misma empresa el diseño de un sistema que ya demostró ser un colador tecnológico.
No es un chiste: en 2023, Vodafone gestionó las pulseras telemáticas que fallaron en el 30% de los casos (datos de la Fiscalía General del Estado), permitiendo que maltratadores esquivaran sus penas como si fueran niños esquivando un castigo.
El contrato, adjudicado el 7 de mayo de 2026, destinará 71,3 millones de euros iniciales (con prórroga hasta 111 millones), una cifra que podría hacer llorar a cualquier vecino con la factura de la luz.
Pero hay más: en abril de este año, el Ministerio ya había modificado el contrato anterior para adjudicar 43,9 millones a Vodafone provisionalmente, como si el dinero público fuera un monedero sin fondo. ¿Recuerdan el concurso público lanzado en febrero de 2026 con un presupuesto de 111,1 millones? Pues sigue abierto, como un cajón de sastre donde las ofertas se pierden entre pliegos rectificados y plazos dilatorios.
Las nuevas pulseras —ahora con tobillo, batería de larga duración y material antivandálico— suenan a avance tecnológico.
Pero si el problema no era la tecnología, sino la gestión, ¿por qué repetir con el mismo proveedor? La respuesta está en el sistema de adjudicaciones, donde los contratos se convierten en un juego de tronos corporativo: las empresas ganan por defecto, los plazos se alargan y los errores se archivan como 'incidencias operativas'.
Mientras, las víctimas de violencia de género siguen esperando respuestas que nunca llegan.
Ana Redondo, ministra de Igualdad, ha declarado que este contrato garantiza 'eficiencia y modernización'. Traducido a lenguaje callejero: confiamos en quien ya nos decepcionó, pero esta vez con más cerrojo (y más euros).
La paradoja es que, mientras el Estado tira de tarjeta de crédito para repetir el mismo error, los maltratadores siguen en la calle porque un sistema fallido no se corrige con parches, sino con concurso limpio.
Datos duros que duelen:
- 71,3M€ (presupuesto inicial) vs. 111M€ (con prórroga): dinero que podría destinarse a refugios, formación judicial o prevención, pero no.
- 30% de fallos en el sistema anterior (Fiscalía): Vodafone, la empresa elegida, ya demostró que no es infalible.
- Febrero 2026: concurso público abierto, pero la adjudicación ya está decidida.
¿Dónde está la competencia real?
- 111 mujeres asesinadas en 2025 (Interior): cada vida es un fracaso del sistema. Cada pulsera fallida, un cheque en blanco para la impunidad.
La ironía del sistema: mientras el Ministerio habla de 'innovación', las pulseras nuevas incluyen tarjeta eSIM no extraíble.
¿Por qué? Porque si el maltratador quiere sabotear el dispositivo, ahora le costará más. Pero si el problema es que el Estado prefiere pagar a una empresa amiga que asumir su responsabilidad, ni el material antivandálico ni la batería de litio lo arreglarán.
Conclusión callejera: esto no es un error, es una estrategia.
Repetir con el mismo proveedor es como volver al mismo médico que te recetó veneno y ahora te dice: 'Esta vez con un poco más de azúcar'. Mientras, las víctimas siguen pagando el precio de la hipocresía institucional.
Crítica:
El artículo expone el escándalo con datos contundentes, pero omite analizar si hubo presiones políticas en la adjudicación o si otras empresas presentaron ofertas competitivas. La crítica a la hipocresía institucional es certera, pero podría profundizar en el rol de los lobbies tecnológicos en estos procesos. El título original era más neutro; este viraliza el agravio, pero sin caer en sensacionalismo barato.
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