La vida da giros, y a veces, esos giros te llevan directo al juzgado. José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que una vez gobernó España, ahora tiene un problema: 1,5 millones de euros que, según la UDEF, entraron en una cuenta conjunta con su esposa, Sonsoles Espinosa. Unos eurillos que, casualmente, coinciden con el precio de un chalet con piscina en Valdemarín y un par de pisos para las hijas.
¿Coincidencia? La justicia lo dirá.
La cosa no acaba ahí. Resulta que las hijas Zapatero, Laura y Alba, también figuran en el ajo, con más de 700.000 euros en concepto de “trabajos presuntamente simulados”. O sea, que mientras tú andas haciendo malabarismos con la lista de la compra, ellas estaban facturando a empresas turbias.
Y el dinero, claro, no iba a parar a la ONCE.
El auto judicial es contundente: pagos de Análisis Relevante (testaferro, según la UDEF) entre 2021 y 2025, transferencias de Thinking Heads Group (la empresa que pagaba por sus charlas, ahora lo entenderéis), y un entramado que huele a chamusquina.
El expresidente, “preocupado” por sus hijas, ya ha movilizado a su abogado. Dice que es “un delirio”. Pero la UDEF, y la Audiencia Nacional, no parecen estar de acuerdo.
El caso Espinosa recuerda al de Ana Mato, imputada por beneficiarse de las comisiones de su exmarido en el caso Gürtel.
La lógica es simple: si la cuenta conjunta se usó para pagar hipotecas, viajes o cualquier capricho, Sonsoles podría ser cómplice de blanqueo de capitales. En resumen, un culebrón judicial de altos vuelos, con mucho dinero en juego y una familia en el punto de mira. Mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue pagando el pato.
Crítica:
La noticia, aunque completa, carece de una investigación más profunda sobre el origen exacto de los fondos y el destino final. El auto judicial es el principal protagonista, dejando poco espacio para la voz de la defensa. Demasiado 'he said, she said'.
Comentarios