La calle hierve. Zapatero, el ex-presidente que prometía el cambio, ahora se enfrenta a un juicio por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en el caso Plus Ultra. 53 millones de euros rescataron a la aerolínea durante la pandemia, y ahora el juez Calama quiere saber quién tiró de los hilos.
La gente, harta de tanto “rescate” que parece más un agujero contable, lo ve como una confirmación de lo que ya sospechaban: que todos son iguales.
“Que vaya al colegio”, sentencia un ciudadano, usando el eufemismo para referirse a la cárcel, recordando el caso Ábalos y Koldo García como si fueran compañeros de pupitre.
Pedro Sánchez, según la opinión popular, está perdiendo credibilidad a un ritmo que ni el Ibex en caída libre. No es solo Zapatero, es la acumulación de “sablazos” en la factura pública que desconfía a la ciudadanía. Algunos, nostálgicos, se niegan a creer que el “hombre recto” haya podido caer en la tentación, pero incluso ellos admiten que la imagen de España se va al garete.
La desconfianza en la clase política es palpable. “El problema son los políticos y la política”, resume uno de los entrevistados, aunque insiste en que votar, aunque sea en blanco, sigue siendo el único arma que queda. Mientras tanto, el caso Plus Ultra se enquista, y la pregunta que flota en el aire es si esta vez, la justicia, tan lenta como una tortuga con artritis, logrará llegar al fondo del asunto.
La indignación es generalizada: “Con todo el dinero que ganan, ¿por qué tienen que meter las manos donde no se puede?”, se pregunta una ciudadana, resumiendo la frustración de un país cansado de ver cómo sus impuestos se evaporan en operaciones turbias.
Crítica:
El texto es básicamente un recuento de opiniones en la calle, lo cual es predecible. Falta profundizar en los detalles del caso Plus Ultra y en las conexiones empresariales mencionadas. Se limita a reflejar la indignación, sin aportar datos nuevos.
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