La mañana ha amanecido movidita en Ferraz. La UCO, esos señores de la Guardia Civil que saben dónde duele, han irrumpido en la sede del PSOE, buscando papeles. ¿El motivo? Un juez, Santiago Pedraz, quiere saber qué pasó con los pagos a Leire Díez, exmilitante socialista convertida en investigada por un presunto amaño de contratos en la SEPI.
Mientras tú y yo intentamos llegar a fin de mes, esta trama habría inflado las cuentas en 731.545 euros entre 2021 y 2023, repartidos entre tres amigos inseparables – el club de WhatsApp Hirurok, lo llamaron – y sus contactos en empresas públicas. Santos Cerdán, exdirigente del PSOE, y Javier Pérez Dolset, empresario, también han visto a la UCO en sus domicilios, requisando material.
Todo esto, en paralelo a otra investigación sobre las llamadas “cloacas” del PSOE, esos intentos de desacreditar a jueces y fiscales que, al parecer, eran un pasatiempo recurrente. La cosa parece un culebrón, pero con dinero público de por medio. Moncloa, como suele ocurrir, lo minimiza, hablando de un simple “requerimiento de información”.
Pero la UCO sigue tirando del hilo, revisando correos, mensajes y, probablemente, buscando el resquicio que demuestre si la influencia política se tradujo en facturas infladas y comisiones ocultas. Incluso Gaspar Zarrías, con su consultora Zaño, está en el punto de mira. La exministra María Jesús Montero también aparece indirectamente, por haber colocado a Vicente Fernández al frente de la SEPI.
Una red tejida con hilos de poder y, al parecer, con mucho dinero negro.
Crítica:
La noticia es contundente, pero la nota oficial de Moncloa resta seriedad al asunto con su habitual minimización. Se echa en falta una mayor profundización en las conexiones directas entre los investigados y los contratos públicos adjudicados.
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