Crítica:
La noticia es un compendio de acusaciones y recursos, pero carece de detalles concretos sobre las pruebas que sustentan las imputaciones. El titular, aunque atractivo, peca de sensacionalismo.
La noticia es un compendio de acusaciones y recursos, pero carece de detalles concretos sobre las pruebas que sustentan las imputaciones. El titular, aunque atractivo, peca de sensacionalismo.
La Fiscalía Superior de Madrid, en sus estertores –porque a la que firma expedientes no le renovaron el contrato–, abre investigación a dos fiscales del ‘caso Plus Ultra’. La trama, un festival de ‘Kitchen Gabinet’ –sí, con mayúsculas–, buscaba frenar una investigación sobre un rescate público de 53 millones de euros. ¿El objetivo? Evitar que se bloqueen otros 19 millones pendientes. O sea, mientras tú y yo nos apretamos el cinturón para pagar la hipoteca, alguien jugaba a ser Robin Hood… al revés. Rodolfo Reyes, magnate venezolano y accionista mayoritario de Plus Ultra, parecía tener el Ministerio Público en su bolsillo, según desvela la UDEF. Presumía de “cortar” procesos judiciales, de tener la influencia suficiente para que la justicia mirase a otro lado. Y no eran amenazas vacías: se jactaban de maniobras orquestadas para blindar sus intereses. La instructora, Esperanza Collazos, era la espina en el zapato, demasiado curiosa con los vínculos de la aerolínea con Venezuela y las presuntas “mordidas políticas”. El plan, meticulosamente diseñado, incluía mantener a Julio Martínez Sola (vicepresidente de Plus Ultra) al corriente de cada movimiento y recurrir a la influencia de José Luis Rodríguez Zapatero a través de su testaferro, Julio Martínez Martínez. Todo esto mientras la SEPI, la sociedad estatal de participaciones, miraba a otro lado. ¿Casualidad? Difícilmente. El caso destapa una red de favores, influencias y, sospechamos, agujeros contables lo suficientemente grandes como para albergar un elefante. Básicamente, la vieja historia de siempre: dinero público, amigos poderosos y la justicia dando palos de ciego.
Mientras la lista de la compra se encoge, Moncloa destina 20 millones a 'proteger' derechos de extranjeros. Sí, 20 millones de euros. La misma cantidad que, según la estadística oficial, se necesitan para arreglar las goteras de más de 10.000 colegios públicos. Pero claro, los colegios no votan. La cosa se pone interesante. El Ministerio de Trabajo, bajo la batuta de Yolanda Díaz, 'estima' un mantenimiento del SEPE en 20 millones. ¿Estimado? ¿Como el precio del taxi en hora punta? ¿O la factura del gas? Opacidad con aroma a pastel. La OIT se lleva 150.000 euros para charlas de 'economía social y solidaria', mientras que la UNRWA engorda su cuenta con otros 120.000 para 'empleo inclusivo' en Siria. Y no nos olvidemos de los 23.466 euros para que la OIT promueva la inclusión LGBTQ+ en el trabajo. Todo pagado con nuestros impuestos, por supuesto. El Ministerio para la Transición Ecológica, en un tirón de generosidad, despacha 2.551.857 euros en 27 contribuciones internacionales sin especificar ni a quién ni para qué. Aena, por su parte, se lanza a comprar un trozo de aeropuerto en Río de Janeiro, sin decir cuánto cuesta el capricho. Luego nos extrañamos de que las autonomías necesiten pedir prestado 130 millones (Castilla y León, en este caso) y de que la Confederación Hidrográfica del Miño no tenga para pagar las nóminas. El IRPF, esos 'fines sociales' que tanto nos venden, se convierten en un buffet libre de subvenciones a 'troche y moche' para investigación y medio ambiente. Y, para rematar, otros 20.300.000 euros para 'defender' los derechos de inmigrantes, una cantidad que, según el autor de la noticia, supera con creces las cotizaciones que estos aportan. El negocio de la buena conciencia, señores.
El Congreso, ese teatro donde las promesas se diluyen como azúcar en agua, ha decidido darle un empujoncito a los partidos pequeños. O, para decirlo claro, facilitarles el acceso VIP al festín de subvenciones y privilegios. La reforma del reglamento, impulsada por ERC, Junts, Podemos, Compromís y el BNG –un consorcio de intereses diversos–, bajará el listón para formar grupo parlamentario. Antes, necesitabas 15 escaños o un 5% de votos a nivel nacional para tener tu club privado en el Congreso. Ahora, con un 3% de votos, ¡ya tienes acceso a la sala VIP! ¿El PSOE? Pues ahí está, brindando con champán barato y firmando el acuerdo. Mientras la cesta de la compra sube cada día, ellos se preocupan de que los partidos con menos de cinco amigos puedan facturar a lo grande. El PP, Vox y UPN, por supuesto, votaron en contra. ¿Acaso no entienden que en la política, como en el fútbol, cuanto más pequeño el equipo, más necesita ayudas? Esta reforma no es más que una operación de ingeniería financiera, un trueque de votos por prebendas. Tener grupo propio significa tener voz en los debates, un asiento en las comisiones, preguntas directas al Gobierno y, lo más jugoso, un buen pellizco de subvenciones y ayudas para enviar propaganda a los ciudadanos. En la legislatura que termina, ERC y Junts recurrieron a préstamos del PSOE y Sumar –cuatro diputados del PSC y dos de En Comú– para alcanzar los requisitos. Ahora, con la reforma, ya no necesitarán mendigar favores. La Mesa del Congreso, siempre dispuesta a complacer a sus amigos, dará su visto bueno sin pestañear. Todo un circo donde el dinero público es el principal atractivo.
Mientras el ciudadano de a pie calcula si llegará a fin de mes, la UDEF desentierra un tinglado que huele a oro y a favores políticos. Parece que el expresidente Zapatero, allá por 2025, se habría hecho con una jugosa 'mina' en Venezuela, cortesía del régimen de Maduro. No una mina cualquiera, ojo, sino un pedazo del Arco Minero del Orinoco, una zona tan rica en recursos que da vértigo. El nombre clave de esta operación, Julio Martínez, testaferro presunto y dueño de una agenda repleta de citas con Héctor Silva, el 'capo' del oro venezolano, nombrado por el propio Maduro a petición de Delcy Rodríguez, amiga íntima de Zapatero. La UDEF ha encontrado apuntes que hablan de “60.000 toneladas” de “remet” (oro en bruto, para los que no entienden de jerga minera) que podrían convertirse en 17.000 toneladas de oro procesado. Un negocio redondo, vamos. Y todo esto mientras la investigación sobre los negocios de Zapatero ya estaba en marcha. ¿Casualidad? Difícilmente. La ‘mina Colombia’, otro nombre en clave, también aparece en los apuntes de Martínez, ubicada en una zona que la oposición venezolana ya señalaba como posible obsequio a Zapatero. La senadora Piedad Córdoba, en vida, llegó a afirmar que el propio Zapatero le confesó haber recibido una mina como agradecimiento por su apoyo al chavismo. Pero la cosa no acaba ahí. La red se extiende a Emiratos Árabes Unidos (“los del desierto”), con planes de comercializar el “amarillo” (oro, otra vez) y proyectos como ‘Oro Azul’, un yacimiento de coltán en la misma zona. Empresas como Western Atlas Resources y Minerven, la principal compañía minera de Venezuela, también aparecen en el mapa. Un entramado complejo, opaco y, sobre todo, obscenamente lucrativo. Mientras tanto, el ciudadano común se pregunta si el precio del oro está inflado, claro.
Mientras el sablazo en la factura de la luz te deja sin respiración, el PSOE acumulaba 4 millones de euros en donaciones durante el confinamiento, un pico de generosidad sospechosa que, convenientemente, pasó desapercibido para sus propios auditores y el Tribunal de Cuentas. Víctor de Aldama, el empresario que ha soltado la sopa en el caso Koldo, asegura haber entregado “más de 1,8 millones de euros” al partido, lo que, según el diccionario, podría traducirse como “financiación ilegal”. En 2019, las donaciones rondaban los 275.616 euros, pero en 2020, con la economía en coma, se dispararon a 837.506 euros, un aumento del 200%. ¿Magia? ¿Solidaridad extrema? ¿O algo menos limpio? El Plan Luz Verde, una iniciativa para la “transformación ecológica y digital” (suena a postureo, ¿verdad?), recaudó casi 3 millones de euros ofreciendo microcréditos con intereses más altos que los de un usurero. Mariano Moreno, entonces gerente federal del PSOE, fue el impulsor de esta brillante idea que, casualmente, quedó fuera del control de los auditores. El partido se jactaba de ser una “referencia mundial” en financiación política, mientras el Tribunal de Cuentas pedía a gritos una regulación para estos microcréditos que, según ellos, navegaban en un “limbo legal”. En 2024, las donaciones cayeron en picado hasta los 133.500 euros, lo que levanta más sospechas que un billete de 500 en una iglesia. La auditoría encargada por Pedro Sánchez, con auditores con más vínculos políticos que conexiones con la contabilidad, concluyó que todo estaba “coherente y verificable”. Un algoritmo contra la corrupción, irónicamente, no ha sido capaz de explicar de dónde salió ese dinero. La Justicia, sin embargo, podría tener una respuesta.
Pablo Iglesias, el adalid del 'proletariado digital', se enfrenta a un tsunami de denuncias. No de sus enemigos políticos, ojo, sino de aquellos que construyeron su imperio mediático. Ex trabajadores de Canal Red, La Tuerka y Podemos relatan un infierno laboral que haría palidecer al propio Roig. ¿Estrés? Sí. ¿Jornadas interminables? Absolutamente. ¿Horas extra impagadas? Una montaña de ellas, según los testimonios recogidos por Mu Producións en su serie documental 'Romper el Bloque'. La ironía, como un zasca en toda la cara, es brutal. El mismo Iglesias que denunciaba la precariedad laboral ahora es señalado por las mismas prácticas. Una extrabajadora resume el drama: “Te obligan a hacer un programa sobre los empresarios que no pagan las horas extra cuando a ti te deben un millón de horas extra”. El caso de Sergio Gregori, cofundador de Canal Red, fue solo la chispa que encendió la pólvora. Más de una docena de testimonios hablan de “violencia, represalia sindical, discriminación, hospitalizaciones, mobbing y persecución ideológica”. Mu Producións ha desenterrado nueve sentencias que confirman el calvario. Podemos, según documentación oficial, ha vulnerado derechos fundamentales. Los acuerdos extrajudiciales alcanzaban compensaciones de más de 100.000 euros por persona. Despidos nulos por persecución ideológica, venganza por quejas, incluso por ser mujer. Y, el dato más escalofriante: “accidentes laborales con hospitalización y hasta muerte, incapacidades permanentes, intentos de suicidio”. En resumen, un currículum de abusos sistemáticos que deja a uno sin aliento. Mientras tanto, el relato moral que Iglesias vendió durante años se desmorona como un castillo de naipes. La verdad, al parecer, es que la revolución, a veces, se construye sobre el sufrimiento de los demás.
Mientras la cesta de la compra se ha convertido en una ruleta rusa, la UDEF descubrió un tesoro escondido en el despacho de José Luis Rodríguez Zapatero: una veintena de joyas. No estamos hablando de baratijas, sino de relojes Certina, Pierre Balmain, sortijas y collares de granate, azul, rojo y verde. Un pequeño 'detalle' que contrasta con los discursos sobre austeridad. La caja fuerte, al parecer, se abrió sin despeinarse, gracias a la colaboración de su secretaria, Gertrudis Alcázar, que justificó el botín como herencia y regalos de viajes oficiales. ¿Regalos de jefes de estado o comisiones disfrazadas? La duda queda en el aire. Pero la historia no acaba ahí. Los agentes también 'volcaron' los correos electrónicos del PSOE, encontrando conversaciones reveladoras sobre el rescate de Plus Ultra y el supuesto papel de Zapatero como 'Nuestro pana'. Mensajes como “Zapatero está detrás” y peticiones para que intercediera en la SEPI, sugieren una trama de influencias tejida con hilos de poder y contactos personales. El juez Calama ya lo había apuntado: una red “estructuralmente organizada” con Zapatero en la cúspide. La investigación revela, además, intentos de borrar mensajes y ocultar rastros, pero la UDEF, con paciencia de detective, ha desenterrado pruebas incriminatorias. La ironía es que mientras se investigan presuntos delitos de blanqueo de capitales y tráfico de influencias, la imagen pública se intenta pulir con joyas y herencias. ¿Una estrategia de distracción? ¿Un símbolo de impunidad? Lo cierto es que el caso Zapatero se complica, y cada nueva pieza que sale a la luz dibuja un panorama sombrío sobre la corrupción y el uso del poder en España. El rescate de Plus Ultra, materializado en marzo de 2021, parecía estar cantado desde julio de 2020, gracias, precisamente, a la influencia de 'el Grupo Zapatero'.
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