Crítica:
El texto se centra demasiado en enumerar los datos, perdiendo la oportunidad de profundizar en las conexiones entre las diferentes subvenciones. El tono es demasiado cercano al del autor, restando objetividad al análisis.
El texto se centra demasiado en enumerar los datos, perdiendo la oportunidad de profundizar en las conexiones entre las diferentes subvenciones. El tono es demasiado cercano al del autor, restando objetividad al análisis.
La cosa pinta fea. Begoña Gómez, esposa del Presidente, tiene cita con el juez Peinado el 9 de junio. No es una invitación a tomar el té, sino una “audiencia preliminar” donde le avisan: o vas, o te traen. Y la amenaza es seria, porque el magistrado teme que se marche. ¿Huir? En tiempos que hacer la lista de la compra te deja temblando, la señora Gómez podría buscar un respiro fuera de fronteras. El juez, Juan Carlos Peinado, no se anda con chiquitas. Le imputa cuatro delitos: corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida. El informe de la UCO de la Guardia Civil, ese que sale a la luz justo a tiempo, la señala por registrar un software de la Universidad Complutense a su nombre, con la ayuda de su asistente Cristina Álvarez. Mientras tanto, el abogado de Begoña, el exministro Antonio Camacho, intenta ganar tiempo con recursos, alegando que antes hay que decidir si el caso va a juicio con jurado popular. Un jurado popular, nada menos, donde ciudadanos de a pie juzgarían los entresijos de la trama. La maquinaria judicial está en marcha desde abril de 2024, tras la denuncia de Manos Limpias, ampliada después por Hazte Oír y Vox. El juez investiga la actividad profesional de la esposa del Presidente con empresarios y su relación con la Universidad Complutense. Las acusaciones populares, eso sí, se quejan de la estrategia dilatoria de la defensa. ¿Intento de desviar la atención? En un país donde el “zasca” político es el deporte nacional, cada movimiento es una partida de ajedrez. La Audiencia de Madrid ya le ha puesto freno al juez, obligándole a unificar el caso en lugar de dividirlo en piezas. Un caso que, si llega a juicio, podría tener un desenlace con un 89,9% de sentencias condenatorias, según datos de años anteriores. Dinero público, influencias y un juicio que promete ser un culebrón.
El Congreso, ese teatro donde las promesas se diluyen como azúcar en agua, ha decidido darle un empujoncito a los partidos pequeños. O, para decirlo claro, facilitarles el acceso VIP al festín de subvenciones y privilegios. La reforma del reglamento, impulsada por ERC, Junts, Podemos, Compromís y el BNG –un consorcio de intereses diversos–, bajará el listón para formar grupo parlamentario. Antes, necesitabas 15 escaños o un 5% de votos a nivel nacional para tener tu club privado en el Congreso. Ahora, con un 3% de votos, ¡ya tienes acceso a la sala VIP! ¿El PSOE? Pues ahí está, brindando con champán barato y firmando el acuerdo. Mientras la cesta de la compra sube cada día, ellos se preocupan de que los partidos con menos de cinco amigos puedan facturar a lo grande. El PP, Vox y UPN, por supuesto, votaron en contra. ¿Acaso no entienden que en la política, como en el fútbol, cuanto más pequeño el equipo, más necesita ayudas? Esta reforma no es más que una operación de ingeniería financiera, un trueque de votos por prebendas. Tener grupo propio significa tener voz en los debates, un asiento en las comisiones, preguntas directas al Gobierno y, lo más jugoso, un buen pellizco de subvenciones y ayudas para enviar propaganda a los ciudadanos. En la legislatura que termina, ERC y Junts recurrieron a préstamos del PSOE y Sumar –cuatro diputados del PSC y dos de En Comú– para alcanzar los requisitos. Ahora, con la reforma, ya no necesitarán mendigar favores. La Mesa del Congreso, siempre dispuesta a complacer a sus amigos, dará su visto bueno sin pestañear. Todo un circo donde el dinero público es el principal atractivo.
Mientras el ciudadano de a pie calcula si llegará a fin de mes, la UDEF desentierra un tinglado que huele a oro y a favores políticos. Parece que el expresidente Zapatero, allá por 2025, se habría hecho con una jugosa 'mina' en Venezuela, cortesía del régimen de Maduro. No una mina cualquiera, ojo, sino un pedazo del Arco Minero del Orinoco, una zona tan rica en recursos que da vértigo. El nombre clave de esta operación, Julio Martínez, testaferro presunto y dueño de una agenda repleta de citas con Héctor Silva, el 'capo' del oro venezolano, nombrado por el propio Maduro a petición de Delcy Rodríguez, amiga íntima de Zapatero. La UDEF ha encontrado apuntes que hablan de “60.000 toneladas” de “remet” (oro en bruto, para los que no entienden de jerga minera) que podrían convertirse en 17.000 toneladas de oro procesado. Un negocio redondo, vamos. Y todo esto mientras la investigación sobre los negocios de Zapatero ya estaba en marcha. ¿Casualidad? Difícilmente. La ‘mina Colombia’, otro nombre en clave, también aparece en los apuntes de Martínez, ubicada en una zona que la oposición venezolana ya señalaba como posible obsequio a Zapatero. La senadora Piedad Córdoba, en vida, llegó a afirmar que el propio Zapatero le confesó haber recibido una mina como agradecimiento por su apoyo al chavismo. Pero la cosa no acaba ahí. La red se extiende a Emiratos Árabes Unidos (“los del desierto”), con planes de comercializar el “amarillo” (oro, otra vez) y proyectos como ‘Oro Azul’, un yacimiento de coltán en la misma zona. Empresas como Western Atlas Resources y Minerven, la principal compañía minera de Venezuela, también aparecen en el mapa. Un entramado complejo, opaco y, sobre todo, obscenamente lucrativo. Mientras tanto, el ciudadano común se pregunta si el precio del oro está inflado, claro.
Mientras el sablazo en la factura de la luz te deja sin respiración, el PSOE acumulaba 4 millones de euros en donaciones durante el confinamiento, un pico de generosidad sospechosa que, convenientemente, pasó desapercibido para sus propios auditores y el Tribunal de Cuentas. Víctor de Aldama, el empresario que ha soltado la sopa en el caso Koldo, asegura haber entregado “más de 1,8 millones de euros” al partido, lo que, según el diccionario, podría traducirse como “financiación ilegal”. En 2019, las donaciones rondaban los 275.616 euros, pero en 2020, con la economía en coma, se dispararon a 837.506 euros, un aumento del 200%. ¿Magia? ¿Solidaridad extrema? ¿O algo menos limpio? El Plan Luz Verde, una iniciativa para la “transformación ecológica y digital” (suena a postureo, ¿verdad?), recaudó casi 3 millones de euros ofreciendo microcréditos con intereses más altos que los de un usurero. Mariano Moreno, entonces gerente federal del PSOE, fue el impulsor de esta brillante idea que, casualmente, quedó fuera del control de los auditores. El partido se jactaba de ser una “referencia mundial” en financiación política, mientras el Tribunal de Cuentas pedía a gritos una regulación para estos microcréditos que, según ellos, navegaban en un “limbo legal”. En 2024, las donaciones cayeron en picado hasta los 133.500 euros, lo que levanta más sospechas que un billete de 500 en una iglesia. La auditoría encargada por Pedro Sánchez, con auditores con más vínculos políticos que conexiones con la contabilidad, concluyó que todo estaba “coherente y verificable”. Un algoritmo contra la corrupción, irónicamente, no ha sido capaz de explicar de dónde salió ese dinero. La Justicia, sin embargo, podría tener una respuesta.
Pablo Iglesias, el adalid del 'proletariado digital', se enfrenta a un tsunami de denuncias. No de sus enemigos políticos, ojo, sino de aquellos que construyeron su imperio mediático. Ex trabajadores de Canal Red, La Tuerka y Podemos relatan un infierno laboral que haría palidecer al propio Roig. ¿Estrés? Sí. ¿Jornadas interminables? Absolutamente. ¿Horas extra impagadas? Una montaña de ellas, según los testimonios recogidos por Mu Producións en su serie documental 'Romper el Bloque'. La ironía, como un zasca en toda la cara, es brutal. El mismo Iglesias que denunciaba la precariedad laboral ahora es señalado por las mismas prácticas. Una extrabajadora resume el drama: “Te obligan a hacer un programa sobre los empresarios que no pagan las horas extra cuando a ti te deben un millón de horas extra”. El caso de Sergio Gregori, cofundador de Canal Red, fue solo la chispa que encendió la pólvora. Más de una docena de testimonios hablan de “violencia, represalia sindical, discriminación, hospitalizaciones, mobbing y persecución ideológica”. Mu Producións ha desenterrado nueve sentencias que confirman el calvario. Podemos, según documentación oficial, ha vulnerado derechos fundamentales. Los acuerdos extrajudiciales alcanzaban compensaciones de más de 100.000 euros por persona. Despidos nulos por persecución ideológica, venganza por quejas, incluso por ser mujer. Y, el dato más escalofriante: “accidentes laborales con hospitalización y hasta muerte, incapacidades permanentes, intentos de suicidio”. En resumen, un currículum de abusos sistemáticos que deja a uno sin aliento. Mientras tanto, el relato moral que Iglesias vendió durante años se desmorona como un castillo de naipes. La verdad, al parecer, es que la revolución, a veces, se construye sobre el sufrimiento de los demás.
Mientras la cesta de la compra se ha convertido en una ruleta rusa, la UDEF descubrió un tesoro escondido en el despacho de José Luis Rodríguez Zapatero: una veintena de joyas. No estamos hablando de baratijas, sino de relojes Certina, Pierre Balmain, sortijas y collares de granate, azul, rojo y verde. Un pequeño 'detalle' que contrasta con los discursos sobre austeridad. La caja fuerte, al parecer, se abrió sin despeinarse, gracias a la colaboración de su secretaria, Gertrudis Alcázar, que justificó el botín como herencia y regalos de viajes oficiales. ¿Regalos de jefes de estado o comisiones disfrazadas? La duda queda en el aire. Pero la historia no acaba ahí. Los agentes también 'volcaron' los correos electrónicos del PSOE, encontrando conversaciones reveladoras sobre el rescate de Plus Ultra y el supuesto papel de Zapatero como 'Nuestro pana'. Mensajes como “Zapatero está detrás” y peticiones para que intercediera en la SEPI, sugieren una trama de influencias tejida con hilos de poder y contactos personales. El juez Calama ya lo había apuntado: una red “estructuralmente organizada” con Zapatero en la cúspide. La investigación revela, además, intentos de borrar mensajes y ocultar rastros, pero la UDEF, con paciencia de detective, ha desenterrado pruebas incriminatorias. La ironía es que mientras se investigan presuntos delitos de blanqueo de capitales y tráfico de influencias, la imagen pública se intenta pulir con joyas y herencias. ¿Una estrategia de distracción? ¿Un símbolo de impunidad? Lo cierto es que el caso Zapatero se complica, y cada nueva pieza que sale a la luz dibuja un panorama sombrío sobre la corrupción y el uso del poder en España. El rescate de Plus Ultra, materializado en marzo de 2021, parecía estar cantado desde julio de 2020, gracias, precisamente, a la influencia de 'el Grupo Zapatero'.
El martes, mientras tú y yo batallábamos con la lista de la compra (que, con la inflación, parece una expedición al Polo Norte), la UDEF registraba la sede de Whathefav, la empresa de las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. ¿El motivo? Unos contratos con Huawei que, según el acta a la que ha tenido acceso Vozpópuli, suman 64 folios de documentación que huelen a chamusquina. Sí, 64 hojas que podrían explicar por qué el expresidente invocó “su derecho a la intimidad” en el Senado cuando le preguntaron si había cobrado de la empresa china. Un derecho a la intimidad, por cierto, que parece tener un precio. La cosa no acaba ahí. Segundo Martínez, el exagente de seguridad de Zapatero, exiliado en Huawei tras dejar el gobierno. ¿Casualidad? En este país, las casualidades suelen tener un coste. El juez Calama, un tipo que no se corta ni un pelo, ya ha declarado a Whathefav como un “vehículo instrumental” para mover fondos y dar “cobertura formal” a operaciones turbias. Es decir, una pantalla. Una cortina de humo. Y mientras todo esto ocurría, otro equipo de la UDEF registraba el despacho de Zapatero, donde encontraron una caja fuerte repleta de caprichos de lujo: relojes, brazaletes, pendientes… Un pequeño detalle, ¿no? Un recordatorio de que, a veces, la austeridad es solo para algunos. También volcaron los correos del PSOE, gestionados por Judith Wells, empleada a tiempo completo de la oficina de Zapatero y Ferraz. ¿Coincidencia? ¿Un intento de limpiar el terreno? La verdad es que, con este caldo de cultivo, la transparencia brilla por su ausencia. El silencio, por su parte, es ensordecedor.
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