Crítica:
La noticia es una repetición de lo que ya se sabía, con la salvedad de las notas manuscritas. Falta profundizar en el destino final de esos fondos y en las pruebas concretas que vinculan a Zapatero con las empresas chinas.
La noticia es una repetición de lo que ya se sabía, con la salvedad de las notas manuscritas. Falta profundizar en el destino final de esos fondos y en las pruebas concretas que vinculan a Zapatero con las empresas chinas.
La indignación campa a sus anchas en la Policía Nacional, y no precisamente por la falta de donuts en la sala de descanso. Laura García, portavoz de Jupol, ha soltado la bomba en 'La Noche de Cuesta': la trama 'Delcygate' parece que viene con ascensos de regalo. Jesús María Gómez Martín, excomisario del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y actual jefe superior de la Policía en Canarias, está en el ojo del huracán. ¿Su delito? Haber estado al mando durante el aquelarre con Delcy Rodríguez. En lugar de la calle de la amargura, recibió… ¡una patada hacia arriba! Ascendido a Canarias, por supuesto. Pero la cosa no acaba ahí. Otros mandos involucrados en el tinglado no se quedaron atrás: embajadas con pluses jugosos para todos. Parece que en la Policía, ser discreto no es una virtud, sino un billete dorado. Y como si fuera poco, Gómez Martín, una vez en Canarias, se dedicó a una “limpia” de personal que levanta ampollas. El caso del Tito Berni, otro escándalo que aún escuece, vuelve a salir a la luz. Un agente que iba a ser condecorado vio cómo su reconocimiento se esfumaba gracias a las “gestiones” del ahora cuestionado jefe superior. En resumen, la meritocracia parece haber cogido un vuelo directo a Narnia. La presunción de inocencia, eso sí, está ahí, pero la sensación general es que los que callan se enriquecen, y los que denuncian… bueno, los que denuncian se quedan sin medallas. Jupol exige el cese inmediato de Gómez Martín, para que la imagen de la Policía Nacional no se vea más mancillada. Porque, al final, la ciudadanía paga la cuenta de estas “recompensas” a la lealtad.
El presidente Sánchez ha encontrado un respiro en la solemnidad del Vaticano, una escapada que huele a incienso y a estrategia. Mientras en España la sesión de control al Gobierno se tambalea por la imputación de Zapatero, él se codea con el Papa León XIV. Un 'oportuno' viaje, dicen. El mismo Sánchez que brilló por su ausencia en funerales por la covid, la DANA o incluso en Adamuz, ahora se apresura a confirmar asistencia a misas reales. La hipocresía, señores, tiene un precio: 18 de mayo de 2025, fecha clave en las invitaciones reales al Papa, eclipsada por un mensaje de cortesía tardío del jefe del Ejecutivo. La Iglesia, en definitiva, se ha convertido en un tablero de ajedrez político. El Gobierno, con la regularización de inmigrantes y la polémica con Trump en mente, busca el beneplácito papal. Y no es para menos: temen el discurso que León XIV pronunciará en el Congreso, un discurso que podría dinamitar sus planes. Tanto, que han solicitado, sin éxito, una copia anticipada. La Santa Sede, con más astucia que un diplomático veterano, ha respondido con un rotundo 'no', cuidando cada palabra para evitar ser instrumentalizado. Al parecer, el Ejecutivo espera que el Papa, con un guiño a la inmigración o al derecho a la vida, les dé un empujón mediático. Olvidan, o fingen olvidar, que el Papa no hace política, solo predica. Un detalle que podría resultarles caro. La búsqueda de un aval divino, en plena crisis doméstica, parece más un acto de desesperación que de fe. Mientras tanto, el patio de San Dámaso, con sus 'gentilhombres' y el arzobispo Rajic, observa la escena con la impasible solemnidad de quien ha visto pasar demasiados políticos en busca de una foto y un milagro.
La fiscal jefe Llop, convertida en Megáfono de la Sepi, perdió los papeles en una vista judicial. ¿El motivo? Que unos peritos osaban sugerir que el rescate de 53 millones de euros a Plus Ultra olía a chamusquina, a “empresa zombi” con patas. Como si estuviera defendiendo su lista de la compra, Llop interrumpió a los expertos independientes, exigiendo que se “escuchara” a los peritos de la Sepi, esos que, curiosamente, certificaron la salud de una aerolínea que ya estaba en cuidados intensivos antes de la pandemia (y de los millones públicos). El caso, inicialmente archivado con la velocidad de la luz por la jueza Esperanza Collazos (y con el visto bueno de Llop), resucitó con la imputación del expresidente Zapatero por delitos varios: organización criminal, tráfico de influencias, y el clásico blanqueo de capitales. La UDEF, con su perspicacia habitual, desenterró mensajes comprometedores: “la fiscal jefa es amiga”, decían los implicados, sugiriendo que se podía “cortar” la investigación a tiempo. La vista del 29 de marzo de 2022, con sus fallos técnicos y repeticiones, fue un espectáculo. Los peritos independientes detallaron un préstamo participativo de 6,3 millones que infló el patrimonio de Plus Ultra, y un plan de viabilidad tan optimista que solo podía ser obra de un ilusionista. Mientras, los peritos de la Sepi se aferraban a la documentación (incompleta) que les facilitó la aerolínea. Llop ascendió a la Fiscalía de la Audiencia Nacional tras su gestión en el caso, mientras que la fiscal jefe provincial de Madrid, Pilar Rodríguez, conocida como la “fiscal cianuro”, fue promocionada al Tribunal Supremo. ¿Coincidencia? En este país, hasta las ironías tienen promoción por méritos propios.
El peregrinaje de Pedro Sánchez al Vaticano, buscando quizás un salvavidas celestial, se ha topado con una realidad más terrenal: la Guardia Civil, con el timing de un reloj suizo, ha irrumpido en la sede del PSOE en Ferraz. Mientras el presidente español presumiblemente hablaba de fe y esperanza con el Papa León XIV, la prensa italiana –La Stampa, Corriere della Sera, La Repubblica– prefería titulares más jugosos: “España: La Guardia Civil registra la sede del PSOE por posible financiación ilícita”. ¿Casualidad? Difícil de creer. Parece que el aura de impunidad, esa que permite esquivar sesiones de control en el Congreso, tiene un límite. La operación, ordenada por la Audiencia Nacional, no es un simple registro, sino un “requerimiento de documentación” en el marco de la trama SEPI, un eufemismo que suena a menos que un agujero en el bolsillo. Santos Cerdán y Gaspar Zarrías, altos cargos del PSOE, también han visto sus domicilios visitados por la UCO, como si la Guardia Civil estuviera haciendo una ronda de cortesía. Todo esto, recordemos, a pocos días del procesamiento del expresidente Zapatero, aunque los casos, según los medios italianos, no están relacionados (claro que no, porque la corrupción es una especie en peligro de extinción, ¿verdad?). La Stampa, con su característica franqueza, apunta a “fondos reservados” –o, como diría mi abuela, “dinero negro”–, mientras el Corriere della Sera anuncia una rueda de prensa de Sánchez en Roma, previsiblemente para explicar cómo la tormenta política española no es más que una pequeña nubecilla. ¿Será capaz de vender la moto? Lo dudamos. La visita al Papa, pensada como un escaparate de normalidad, se ha convertido en un lamentable contrapunto. Porque, señores, la corrupción es como el mal olor: siempre acaba saliendo a la luz, aunque intentes taparlo con incienso.
La mañana ha comenzado con el eco de las sirenas, pero no de bomberos, sino de la UCO asaltando la sede del PSOE en Ferraz. Un simulacro de incendios en el Congreso, mientras la verdadera combustión se gestaba a pocos metros. La ironía, como un reguero de gasolina, impregna la jornada. El PP, con Tellado a la cabeza, se relame, acusando al PSOE de estar “de corrupción hasta las cejas”, mientras Yolanda Díaz, visiblemente nerviosa, intenta desmarcarse, apuntando a otros frentes. Pedro Sánchez, imperturbable, sigue con su agenda en Roma, buscando la bendición papal, mientras su casa se desmorona. La operación, ligada a la trama Sepi, ha salpicado a altos cargos: Santos Cerdán, Gaspar Zarrías y la gerente del PSOE, Ana Fuentes, imputados por el juez Pedraz. La UCO, con una eficiencia digna de estudio, ha registrado además las viviendas de Cerdán y Zarrías, buscando pistas en el laberinto de la ingeniería financiera que, según la oposición, ha permitido saquear las arcas públicas. El PP, con Feijóo al frente, exige elecciones, recordando a Sánchez los mandamientos: “No robarás” y “No mentirás”. Un mensaje que, vista la situación, parece un chiste cruel. El PSOE, en lugar de dar la cara, intenta desviar la atención hacia Feijóo y el caso de Móstoles, una estrategia tan vieja como el mundo, pero que, en este contexto, suena a excusa barata. Mientras tanto, la prensa italiana, eclipsando la visita de Sánchez al Papa, se hace eco del terremoto político en España. La corrupción, al parecer, tiene más poder mediático que la fe. En resumen, un día de locura donde la única certeza es que, en la política española, la línea roja parece ser una simple sugerencia.
La foto es clara: mientras los españoles intentan cuadrar las cuentas a final de mes, Pedro Sánchez se escabulle a Roma. Un '¡Bravo, Pedro!' coreado en la FAO suena a burla sorda para los que, aquí, preguntan dónde está el líder en medio de la tormenta. El PSOE, por su parte, se desmorona como un castillo de naipes. Los barones territoriales, como el secretario general de Castilla y León, Carlos Martínez, prefieren no mojar el pan en la sopa de Zapatero, mientras que otros, como los ministros López, Alegría, Morant y Montero, se aferran al salvavidas presidencial. Porque, claro, unos dependen del sillón y otros, de que alguien les vote en las autonómicas del año que viene. La 'irresponsabilidad enorme' de Ferraz al denunciar 'lawfare' antes de leer el auto, según fuentes cercanas a García-Page, es el colmo. Y mientras tanto, el PNV y Coalición Canaria cantan el réquiem de una legislatura en coma. Moncloa, con su doble vara de medir, defiende a capa y espada la presunción de inocencia de Zapatero y, a la vez, proclama la inocencia de Begoña Gómez con una rueda de prensa digna de un espectáculo circense. La 'espantada' de Sánchez no es solo una cuestión de justicia; es la pérdida de un activo electoral clave, el hombre que ganó dos mayorías absolutas. Su descrédito deja al PSOE sin argumentos de prestigio. Y mientras el presidente se pasea por Italia, el partido se hunde en un mar de incertidumbre. La crisis, señores, no está en el Congreso, sino en la falta de liderazgo.
La mañana ha amanecido movidita en Ferraz. La UCO, esos señores de la Guardia Civil que saben dónde duele, han irrumpido en la sede del PSOE, buscando papeles. ¿El motivo? Un juez, Santiago Pedraz, quiere saber qué pasó con los pagos a Leire Díez, exmilitante socialista convertida en investigada por un presunto amaño de contratos en la SEPI. Mientras tú y yo intentamos llegar a fin de mes, esta trama habría inflado las cuentas en 731.545 euros entre 2021 y 2023, repartidos entre tres amigos inseparables – el club de WhatsApp Hirurok, lo llamaron – y sus contactos en empresas públicas. Santos Cerdán, exdirigente del PSOE, y Javier Pérez Dolset, empresario, también han visto a la UCO en sus domicilios, requisando material. Todo esto, en paralelo a otra investigación sobre las llamadas “cloacas” del PSOE, esos intentos de desacreditar a jueces y fiscales que, al parecer, eran un pasatiempo recurrente. La cosa parece un culebrón, pero con dinero público de por medio. Moncloa, como suele ocurrir, lo minimiza, hablando de un simple “requerimiento de información”. Pero la UCO sigue tirando del hilo, revisando correos, mensajes y, probablemente, buscando el resquicio que demuestre si la influencia política se tradujo en facturas infladas y comisiones ocultas. Incluso Gaspar Zarrías, con su consultora Zaño, está en el punto de mira. La exministra María Jesús Montero también aparece indirectamente, por haber colocado a Vicente Fernández al frente de la SEPI. Una red tejida con hilos de poder y, al parecer, con mucho dinero negro.
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