La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, ha pasado de “nunca la vi” a “sí, pero fue un café rápido” con una velocidad que haría palidecer a un Usain Bolt. Y todo esto, claro, después de que THE OBJECTIVE desenterrara los tres encuentros con Leire Díez, la fontanera del PSOE, que ahora parece más una agente encubierta de la verdad.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien inicialmente negó todo contacto, debe estar pensando que el café también tiene posos amargos.
El primer encuentro, según la versión oficial, duró 15 minutos, “una charla de pasillo”, dice González, como si una directora general de la Guardia Civil se reuniera con una ex-directora de Relaciones Institucionales de Correos a tomar el aire.
El segundo ya vino con aroma a problema: Díez preguntó por un comandante, Rubén Villalba (involucrado en el caso Koldo), queriendo saber si podía volver al trabajo. González dice que le cerró la puerta en la cara, pero la UCO, la unidad de élite de la Guardia Civil, cuenta una historia más larga con más capítulos.
¿Y qué pasa con las filtraciones? La UCO investiga si estos encuentros fueron el caldo de cultivo para filtrar información a la prensa sobre investigaciones delicadas que afectaban al PSOE. González, en un intento por lavar su imagen, dice que tras enterarse de los ataques a agentes de la Guardia Civil por parte de Díez, reunió a los mandos para mostrarles su apoyo.
Un gesto, quizás, demasiado tardío para apagar el incendio. Porque en política, como en la vida, las mentiras tienen patas cortas y las cafeterías, demasiados testigos.
Crítica:
Falta contexto sobre el caso Koldo y el alcance de las investigaciones de la UCO. La noticia se centra demasiado en la defensa de González, dejando en segundo plano las posibles consecuencias de las filtraciones y la gravedad de la situación.
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