La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, parece que ha descubierto el 'modo incógnito' en WhatsApp un poco tarde. Justo cuando su nombre empezaba a sonar con más fuerza en las pesquisas del caso Leire Díez, la ‘fontanera’ del PSOE, activó el borrado automático de mensajes con la exmilitante socialista.
Un clásico: cuando la cosa se pone fea, la memoria selectiva entra en juego. La UCO, la unidad de élite que investiga el caso, ha desvelado que estas reuniones, al menos tres desde septiembre de 2024, se producían en las inmediaciones de la Dirección General, a un café de distancia, según consta.
Leire Díez, la pieza clave de este rompecabezas, no solo pedía favores (restituir a un comandante investigado), sino que presumía de tener ‘puentes’ directos con el ‘one’, es decir, con el mismísimo Presidente del Gobierno. Y vaya si los tenía. A González le urgía esa confianza, tanto que llegó a recibir una multa de aparcamiento de regalo, cortesía de Vicente Fernández, expresidente de la SEPI, quien amablemente le ofreció pagarla ‘con descuento’.
¡Un detalle! Mientras tanto, la UCO recopilaba pruebas de llamadas, mensajes y reuniones secretas, revelando cómo Díez intentaba influir en la Guardia Civil a cambio de protección judicial.
El Gobierno, a través del Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, primero negó las reuniones y luego las justificó, alabando la ‘ejemplaridad y honestidad’ de González.
Un giro de guion digno de Hollywood. Y la UCO, mientras tanto, sigue investigando si tras todo este embrollo hay una trama para proteger los intereses del PSOE, con 27.225 euros cambiando de manos. El caso, como suele suceder, huele a podrido, a encubrimiento y a un ‘sablazo’ a la ciudadanía.
Crítica:
El artículo se centra demasiado en la cronología de las reuniones y los mensajes, perdiendo la oportunidad de profundizar en las motivaciones ocultas y los posibles implicados. El título, aunque llamativo, simplifica demasiado la complejidad del caso.
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