Mientras la cesta de la compra se dispara y el semáforo está en rojo para las cuentas familiares, el Ministerio de Asuntos Exteriores, bajo la batuta de José Manuel Albares, se despacha a gusto concediendo 'blindajes' de pasaporte a la escolta de José Luis Rodríguez Zapatero.
¿El destino? Venezuela. ¿La misión? Un enigma digno de novela de espías. El Grupo Popular, con el olfato de quien ha visto pasar demasiadas tormentas, ha presentado una batería de preguntas en el Senado. Quieren saber, con cara de pocos amigos, qué justificación oficial avaló esta concesión de pasaportes de servicio, esos documentos que agilizan los viajes como si fueran tarjetas VIP en un control fronterizo.
La UDEF, que andaba ya caliente por el caso Plus Ultra y su testaferro, Julio Martínez Martínez (alias 'Julito'), no ha tardado en levantar la ceja. ¿Coincidencia? Aparentemente, sí. Pero en este país, la casualidad suele ser el disfraz de la ingeniería financiera. Agentes veteranos, que han protegido a más personalidades que días tiene el año, confiesan estupefacción.
Nunca, jamás, habían visto algo así. La pregunta es clara: ¿qué necesidad imperiosa justificaba pasar de pasaporte ordinario a pasaporte de servicio de la noche a la mañana? Un decreto real (396/2025, por si quieren buscarlo) regula estos pasaportes, que facilitan la vida como si fueran un 'pase rápido' para evitar colas y papeleos.
Y mientras tanto, el ciudadano de a pie, con su pasaporte lleno de sellos de paciencia, se pregunta si la igualdad ante la ley es solo una bonita frase. La marejada interna en las fuerzas de seguridad es evidente. Alguien, en algún despacho, ha encendido todas las alarmas.
Crítica:
El texto omite detalles cruciales sobre la naturaleza de las misiones en Venezuela. La estructura narrativa, aunque ágil, tiende a la especulación sin aportar pruebas contundentes. Un enfoque más exhaustivo en la documentación oficial sería imperativo.
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