El hermano del Presidente, David Sánchez, ha decidido que dirigir una orquesta es tan fácil como tocar las campanas. Y no cualquier campana, sino las rusas, con la resonancia de un pasado académico convenientemente homologado en tiempo récord –seis días, para ser exactos–, justo a medida de una plaza en la Diputación de Badajoz que, casualmente, parecía diseñada para él.
Mientras tú te peleas con la declaración de la renta, los currículos se adaptan a la conveniencia. ¿Un máster en dirección de orquesta? No, mejor una especialización en el arte ancestral de hacer música con campanas, una disciplina muy popular en ciertos círculos moscovitas y, aparentemente, un requisito clave para batir una orquesta sinfónica.
El Debate desvela correos electrónicos con peticiones urgentes: “¡Necesito una campana grande para Chaikovski!” Y fotos inéditas con Nacho Duato, que ahora defiende al hermano con el entusiasmo de quien ha visto demasiadas coreografías extrañas. Testigos denuncian que la entrevista duró menos que un anuncio de la lotería, pero la plaza… la plaza fue para el hermano.
Cristina de Frutos, otra aspirante, recuerda que le dijeron directamente: “El puesto ya tiene dueño”. El agujero contable aquí no es el dinero, sino el sentido común. Y el eco de las campanas rusas resuena, irónicamente, en el juicio por tráfico de influencias y prevaricación contra David Sánchez.
¿Homologación exprés? ¿Convocatorias a medida? Todo parece indicar que en Badajoz, la música la ponía el hermano del Presidente, y el resto, un silencio incómodo.
Crítica:
El titular es un poco simplista, pero cumple su función de enganchar. La noticia, lamentablemente, destila una podredumbre institucional que ya no sorprende, pero indigna. Falta profundizar en las conexiones entre la homologación exprés y las presuntas influencias.
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