El ‘Pollo’ Carvajal confirma comisiones al entorno de Bono por vender armas a Venezuela

Armas a Venezuela: El sablazo de los millones

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un maletín de cuero abierto sobre una mesa de madera antigua, donde en lugar de dinero sobresalen piezas de rompecabezas que forman la silueta de un barco de guerra y un avión. Al lado, un sello oficial de 'Archivado' en tinta roja y una pluma estilográfica goteando tinta negra sobre un mapa borroso de España y Venezuela. Estilo editorial de revista política, colores sobrios y sombras dramáticas.

Hay quien dice que la política es el arte de lo posible; en este caso, era el arte de cobrar la comisión sin que te pillen con el recibo en la mano. El 'Pollo' Carvajal, ese exjefe de inteligencia que conoce los secretos del chavismo mejor que su propia familia, ha soltado una bomba desde la prisión de Estremera.

En una carta manuscrita, confirma que vender armas a Venezuela era como ir al mercado: el comprador y el vendedor siempre se llevan una 'propina'. La historia empezó en 2004 con José Bono y Hugo Chávez. El plan original era un despliegue de 1.700 millones de euros: 12 aviones y ocho barcos.

Pero Washington, que no quiere que cualquiera juegue con su software, puso el freno de mano y obligó a quitar los aviones y tunear los buques. El precio bajó a 1.207 millones de euros, o eso decía el papel oficial. Sin embargo, la fiscal Luisa Ortega Díaz reveló que Caracas soltó en realidad 1.249 millones.

¿Dónde están esos 42 millones de euros de diferencia? Pues ahí, en el agujero contable de Rebazve Holding, una firma que servía de lavadora para repartir el botín en cuentas suizas. La Audiencia Nacional, en un giro digno de guion surrealista, archivó el caso el 12 de enero de 2021.

El argumento fue una joya de la gimnasia mental: como el dinero no salió del Tesoro español, no pasaba nada, aunque admitieran que hubo 42 millones en mordidas ilegales. Mientras Javier Salas y Antonio Rodríguez-Andín se repartían 12 millones, el resto se esfumó en el limbo de las offshore.

Carvajal, que ahora juega sus cartas con el Departamento de Justicia de EE. UU., admite que no quiso cantar todo por miedo a los 'secretos de Estado', pero dejó claro que en este negocio, el patriotismo tiene un precio fijo y se paga en Suiza.

Crítica:

El texto es un festín de contradicciones judiciales que deja al lector con la sensación de que la ley es un menú a la carta. Sobra el misterio sobre los destinatarios finales y falta una explicación clara de cómo el sobreseimiento no es un insulto a la inteligencia.

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