Aqua Tofana: The Poison That Killed Hundreds In 17th-Century Italy

Aqua Tofana: Maridos Muertos sin Pistas

social Un frasco de vidrio transparente sin etiqueta, lleno de una sustancia negra y sin olor, está colocado sobre una mesa de madera rústica. Alrededor, se ven una serie de botellas de cremas y ungüentos con frascos de colores pastel. La iluminación tenue crea sombras que sugieren una escena de intriga y misterio, sin mostrar rostros ni identificar personajes.

En la Italia del 1600, la esposa era más un prisionero que un cónyuge, y para escapar de un matrimonio que se sentía como una jaula de barro, las mujeres recurrieron a la más oscura de las recetas: Aqua Tofana, el “Manna de San Nicolás de Bari” que, sin olor ni sabor, se filtraba en las manos de las amas de casa como si fuera un aceite de belleza.

Giulia Tofana, nacida en Palermo alrededor de 1620, heredó la fórmula de su madre, Thofania d’Amado, quien a los 13 años ya sabía cómo hacer desaparecer a un esposo con un sorbo de veneno. Con una mezcla de arsénico, plomo y belladona, la joven alquimista abrió un pequeño negocio en Roma, escondiendo la botella de tinta negra entre los teteros y los ungüentos de los farmacéuticos de la ciudad.

Los hombres, sin saberlo, se tragaban el polvo invisible con la misma confianza con la que aceptaban la comida de la esposa, y la muerte llegaba sin alardes: primero un resfriado, luego vómitos y diarrea, y al final la respiración se apagaba como si la vida se hubiera congelado en un frasco de cristal.

Para la década de 1650, los registros de la justicia apuntan a que aproximadamente 600 hombres habían caído bajo la mano de la “poisonería” de Giulia. El caso se volvió tan famoso que la palabra Aqua Tofana pasó a ser sinónimo de veneno sutil y letal en toda Europa. Sin embargo, la historia tiene dos finales.

Según el historiador Mike Dash de la Universidad de Cambridge, Giulia pudo haber muerto en 1651, antes de que la tumba se llenara de crímenes, y sus socios y clientes fueron juzgados en 1658, aunque algunos de los más prominentes, por la intercesión del Papa, sobrevivieron. El mito perduró tanto que incluso el propio Mozart, en 1791, sospechó que la enfermedad que lo mató era la misma: “Estoy seguro de que me han envenenado con Aqua Tofana”, escribió en una carta.

El relato de Aqua Tofana es, en última instancia, una lección de cómo la impotencia de las mujeres, encerradas en matrimonios sin salida, dio lugar a una red de muerte tan sutil como el perfume de un perfume barato. Cuando el matrimonio se convierte en una cadena de oro, a veces el precio más barato es la vida misma.

Crítica:

El relato se queda en la sombra de la leyenda, sin revelar la verdad del químico enemigo que acechó a las mujeres. La pieza ignora la compleja realidad social que obligó a las esposas a recurrir al veneno.

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