El arte de esconder el botín (y la vergüenza) mientras el pueblo hace cola en la oficina de empleo
María Jesús Montero se despide de Hacienda como una artista del camuflaje: con 6 millones de euros en asesores VIP contratados a dedo, pero sin nombres. No es un capricho, es estrategia.
El Ministerio que ella dirigía —ese que exprimió a los españoles hasta sacarle 301.355 millones de euros en impuestos en 2025 (sí, más que el PIB de Portugal en un año)— ahora juega al escondite con sus amiguitos de confianza. Mientras la Agencia Tributaria aterroriza a autónomos y pymes con multas creativas (gracias, Amsterdam & Partners, por la denuncia internacional), Montero prefiere proteger a sus asesores fantasma como si fueran joyas de la corona.
El Consejo de Transparencia ya le dijo en octubre de 2024: «Publica los nombres o te multamos».
Pero Hacienda, bajo su mando, respondió con un manual de resistencia pasiva: «Miren, algunos se negaron por su intimidad» (aunque el Tribunal Supremo ya sentenció que el interés público manda). Como un juego de las sillas con fondos públicos, Montero y su equipo trasladaron a los asesores de un lado a otro, dejando solo los nombres de los descuidaditos que no se opusieron.
6 millones de euros por un puñado de cargos de confianza que, según filtraciones, incluyen perfiles sospechosos: como Carlos Moreno Medina, su exjefe de Gabinete, vinculado a mensajes con el comisionista Aldama para aplazar deudas a Hacienda. ¿Coincidencia? Que el Supremo ya falló en 2019 que estos datos son públicos.
Pero el show no para aquí.
Montero regresa a Andalucía —donde su partido podría sufrir el peor batacazo histórico— con otra mochila: la de haber priorizado el cupo fiscal catalán sobre los ayuntamientos andaluces ahogados en deuda. En Jaén, por ejemplo, el PSOE recuperó el ayuntamiento con una moción de censura prometiendo quitas millonarias (600 millones de deuda, recordemos).
Resultado: ni rastro de alivio financiero. El Ministerio de Hacienda, en un documento de marzo de 2025 firmado por Inés Olóndriz, dejó claro: «No hay quita, no hay reuniones secretas, solo humo». Mientras, el Ayuntamiento de Jaén sigue sin aclarar si hubo negocietes con técnicos de Montero.
El Consejo de Transparencia andaluz lo pidió en diciembre de 2025, pero ni respuesta.
Y para rematar, la perla: en el debate electoral, Montero llamó «accidente laboral» a la muerte de dos guardias civiles persiguiendo una narcolancha. Jucil, la asociación de familiares, le soltó un «respeto, señora» que resonó más que sus discursos.
Porque al final, Montero es el espejo roto del PSOE: mucha retórica de transparencia, cero nombres en la lista de pagados, y una trayectoria que huele a ERE, amnistías y sablazos fiscales.
Lo irónico es que mientras ella se esconde tras argumentos leguleyos, los andaluces pagan el pato.
301.355 millones en impuestos para que un puñado de asesores opacos sigan cobrando sin explicaciones. Como ese vecino del quinto que nunca invita a la fiesta, pero siempre se queda con la mejor copa de vino. Salud, Montero. Que Andalucía te necesita... para votarte en contra.
Crítica:
El texto no oculta sus cartas: es un retrato al carboncillo de la hipocresía monteriana, pero pecaría de superficial si no profundizara en los vínculos concretos entre esos asesores y casos de corrupción (¿hubo algún enriquecimiento irregular en el listado?). Además, el título original ya era clickbait honesto; este mejora al añadir el detalle del dinero (6M), pero podría perder matices si el lector busca solo chismorreo y no análisis estructural. Falta un gráfico comparativo: ¿cuánto cuesta mantener esos asesores vs. el presupuesto de un hospital andaluz?
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