El negocio de las hijas de Zapatero: cuando la factura familiar supera el salario de un funcionario en 20 años.
Mientras el resto de los españoles ajustamos el cinturón como si fuera un black Friday sin descuentos, las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero —Laura y Alba— se embolsaron 240.000 euros sin justificar gracias a una empresa que, según el juez Calama, no era más que un colador financiero disfrazado de startup.
Whathefav, su joya familiar, no vendía nada que se pareciera a un servicio real: su único producto estrella eran facturas infladas y fondos opacos que terminaban en cuentas personales como quien tira monedas a un pozo sin fondo.
El juez ya lo dejó claro: la empresa era un elemento finalista, es decir, el equivalente a ese amigo que te presta su garaje para aparcar un camión de mudanzas… pero en vez de muebles, lo que entraban eran 1,59 millones de euros entre 2020 y 2024.
Y no, no fue un error de contabilidad. Según el auto de la Audiencia Nacional, Análisis Relevante S.L. —otra de las estrellas de esta función de teatro financiero— les regaló 239.755 euros (sí, con cinco ceros menos que el sueldo de un ministro). Pero eso no fue todo: Gate Center les añadió 171.727 euros al festín, y Thinking Heads (el brazo financiero de Daniel Romero-Abreu Kaup, otro artista del lavado de imagen corporativa) les dejó 12.297 euros como propina.
Pequeño detalle: el 90% de todo ese dinero terminó en manos de Zapatero padre, como si fuera un fondo de emergencia para pagar el alquiler de su influencia.
¿Y qué hacían exactamente con tanto dinero? Pues lo mismo que muchos cuando encuentran un billete en el suelo: redistribuirlo.
Las cuentas de Laura y Alba brillan como un árbol de Navidad en diciembre: 247.191 euros para una y 199.904 euros para la otra, todos ellos sacados de Whathefav como si fuera un cajero automático sin límite. El juez no se corta: la empresa no tenía actividad real, solo servía para dar cobertura legal a un sablazo institucional.
Como ese compañero de piso que pone su nombre en el contrato del agua para que no te corten el suministro… pero luego se queda con la mitad de la factura.
Lo más poético del caso es que, mientras la UDEF registraba sus oficinas (porque claro, cuando el dinero huele a tráfico de influencias, hasta Hacienda se asoma), Whathefav desapareció del mapa: página web borrada, perfiles en redes sociales evaporados, como si fuera un ghost town financiero.
1,59 millones de euros de ingresos en cuatro años… y ahora ni responden al teléfono. ¿Dónde está el dinero? Ahí está la pregunta del millón, o mejor dicho, de los 447.095 euros que el juez dice que se esfumaron en cuentas personales.
El colmo del cinismo: todo esto sale a la luz mientras se investiga el rescate de Plus Ultra, esa aerolínea que el Estado salvó con 450 millones de euros en 2012.
¿Coincidencia? Que se lo pregunten a los contribuyentes, que son los que siempre pagan el plato roto cuando los grandes timadores de turno deciden que su familia merece un extra sin trabajar. Mientras, el resto seguimos pagando el IVA de la corrupción como si fuera un impuesto revolucionario.
Dato para no perderse en el laberinto: el juez Calama no solo imputó a Zapatero, sino que dejó claro que las hijas eran piezas clave en este juego de tronos financiero.
¿Influencia? Sí, la de quien mueve hilos para que los contratos caigan como maná del cielo en manos de los suyos. ¿Negocio real? Ni de coña. ¿Hipocresía? La de siempre: mientras el Estado gasta 12.000 millones en subvenciones opacas, estas empresas se dedican a redistribuir el pastel… pero solo para los de la casa.
Moraleja callejera: si tu empresa no factura, no tiene web y desaparece cuando la policía toca a la puerta, igual no eras empresario, sino complice.
Y si además tu padre fue presidente, el delito no es robar… es que te pillen con las manos en la caja registradora ajena.
Crítica:
El artículo acierta al desmenuzar la trama con datos duros, pero pecaría de timidez si no señalará que la verdadera historia no es el dinero, sino el silencio cómplice de quienes permitieron que esto ocurriera. Además, el título original ('Las hijas de Zapatero eran el último eslabón...') suena a culpabilización selectiva: como si las hijas fueran el mal menor en un sistema donde el verdadero negocio es vender influencias a cambio de contratos públicos. Falta un análisis sobre cómo este caso refleja la normalización de la corrupción como negocio familiar en la élite política.
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