Así se jacta el PSOE de nacionalizar a ‘exiliados’ previos a la Guerra Civil: «Da igual en qué año vino tu ...

PSOE: nacionalidad express para inflar el censo

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  Una escena surrealista en un consulado español abarrotado: una cola infinita de personas de todas las edades, con documentos en la mano, esperando para firmar papeles. Al fondo, un cartel gigante con la bandera española y el texto 'Ley de Nietos: Nacionalidad sin límites (ni históricos)'. Un funcionario con cara de póker estampilla pasaportes mientras dos políticos (uno con traje y otro con pañuelo de colores) susurran cerca de una mesa llena de sobres con dinero. La luz entra por grandes ventanales, pero todo parece irreal, como un sueño burocrático. En el suelo, papeles volando con fechas como '1936', '1950', '2023' y 'voto CERA'. Estilo: fotografía política irónica, colores fríos y contrastes entre la austeridad del edificio y el caos organizado de la multitud. Sin rostros reconocibles, solo siluetas y gestos genéricos.

La ley de los abuelos que no eran abuelos (ni exiliados, ni santos) Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se rasga las vestiduras hablando de memoria histórica, ha convertido la Ley de Nietos en un autoservicio de nacionalidades express para inflar el censo electoral. No importa si tu bisabuelo se fue a América en 1935 a buscar fortuna, ni si tu tatarabuelo emigró por hambre en el siglo XIX: si tienes un papel que lo demuestre, España te regala la ciudadanía.

Y no es caridad, es ingeniería demográfica. Según datos del Ministerio de Justicia, 2,4 millones de personas ya han mostrado interés en este menú del día: 1,2 millones de expedientes en cola, 545.000 nacionalidades ya servidas y 306.500 inscritas en el Registro Civil Consular.

Cifras que dan vueltas en la cabeza: casi el mismo número de votos que separó al PP del PSOE en las generales de 2023 (339.119). Coincidencia? Ni de coña. El PSOE en el exterior no solo lo sabía, sino que lo vende como churros. En un vídeo filtrado en julio de 2023 (y que este diario ya destapó), Pilar Cancela, entonces responsable del PSOE en el exterior, confesaba el truco con la naturalidad de quien explica cómo se hace un café con leche: «Si me preguntas qué les cuentas a la gente para que voten por nosotros, hay dos argumentos potentes: que pueden votar como en España y que tienen derecho a la nacionalidad… gracias a este Gobierno».

Directo, sin filtros. Y para que no quedara duda, Lorena Suárez, secretaria general del PSOE en Argentina, amplió el menú en 2023: «Da igual en qué año vino tu abuelo, solo tienes que acreditar el lazo de sangre». ¿Exiliado por la guerra? ¿Emigrante por necesidad? ¿Turista que se quedó? Da igual.

La máquina ya está engrasada. Pero hay más. Sofía Puente, entonces directora general de Seguridad Jurídica del Ministerio de Justicia, redactó una instrucción en octubre de 2022 que convirtió la ley en un colador: si tu padre o abuelo fue español en algún momento de su vida (aunque luego la perdiera o renunciara), tú eres candidato a la nacionalidad.

¿Que tu bisabuelo se fue a Chile en 1936, antes de que empezara la Guerra Civil? Pues también vale. Como ese caso revelador de una familia asturiana que se instaló en Chile en enero de 1936 (sí, antes de julio) y ahora sus descendientes son españoles de pleno derecho. La memoria histórica se ha convertido en un black friday de papeles. Mientras los consulados digitalizan expedientes a velocidad de crucero (gracias a los millones de euros que el Ministerio de Asuntos Exteriores ha inyectado al proceso), el censo de votantes en el exterior crece como la espuma.

En Andalucía, subió un 15% en cuatro años. Y no es casualidad que el PSOE saque mejores resultados entre los residentes fuera de España que en sus propias regiones. El voto CERA (el de los españoles en el exterior) se ha convertido en el comodín electoral del Gobierno. Pero hay un detalle que huele a hipocresía: mientras el PSOE celebra esta fiesta de la nacionalidad low cost, Bildu (su socio de gobierno) votó a favor de la ley en 2022.

¿Coincidencia? No, estrategia. Porque cuando el censo electoral se infla con medio millón de nuevos votantes en un año, alguien está jugando con las reglas. Y no es un juego limpio. El colmo: mientras los españoles de a pie se quejan del precio de la luz, el Gobierno regala nacionalidades como si fueran folletos de rebajas.

2,4 millones de interesados, 1,2 millones en trámite, 545.000 ya con pasaporte español. ¿Y el coste? Ahí está el detalle: dinero público para papeles, tiempo de funcionarios para trámites y, sobre todo, votos. La memoria histórica se ha convertido en un negocio redondo. Pero ojo: no todo el mundo se lo cree.

Mientras el PSOE hace colas en los consulados para explicar cómo funciona el pack nacionalidad + voto, hay quien pregunta: ¿y si esto es solo el aperitivo? Porque si 2,4 millones se interesaron, pero solo 545.000 la tienen, el resto sigue en la lista de espera. ¿Seguirán llegando más? Si el Gobierno prorroga el plazo (aunque ya haya terminado), la fiesta no hará más que empezar. Moraleja callejera: en España, la memoria histórica se mide en votos, no en años.

Y si tu abuelo nunca pisó un campo de concentración, pero tu familia emigró en los años 50, ahora eres español. Bienvenido al club. La entrada cuesta un papel, pero el valor… es electoral.

Crítica:

El artículo deja claro el juego sucio electoral, pero pecaría de ingenuo si no mencionara que Bildu también se beneficia de esta ley, algo que huele a pacto de gobierno con intereses comunes. Además, falta profundizar en cómo se verifica el 'exilio político' cuando la instrucción de Puente abre la puerta a cualquier emigración, no solo la forzada. ¿Dónde está el control? En la burocracia, claro, pero también en la hipocresía de vender esto como 'justicia histórica' cuando es un all you can eat de nacionalidades.

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