ADIF: Tren inspección turbo 14,1 m
En la última jugada de ADIF, el gestor de infraestructuras ferroviarias ha decidido poner en marcha una nueva dresina auscultadora de 14,1 millones de euros, como si fuera un coche de inspección de alta velocidad con cámara de 3 D y un láser que no pide permiso ni a los túneles que la rodean. La operación se lanzó al mercado en 2024 para la red de ancho métrico, el viejo corredor que recorre Asturias y Cantabria, con la promesa de evitar que el próximo convoy sea el próximo ‘túnel‑tortuga’ de la historia, un incidente que sacudió a Renfe en febrero de 2023 y provocó la dimisión del presidente Isaías Taboas.
El nuevo tren, con su sistema T‑Sight, medirá los gálibos con la precisión de un técnico de joyería que no quiere que el diamante se caiga dentro del anillo. Mientras que las dresinas tradicionales se ocupan de transportar a los obreros, esta nueva modelo se ha diseñado con una cabina de visión, equipos de geometría de vía y catenaria, y una odometría que no solo cuenta kilómetros, sino también la velocidad a la que el tren se hace el viaje en la red. El contrato incluye 5 años de mantenimiento, y el vehículo podrá alcanzar los 80 km/h, lo que demuestra que la velocidad no es el problema, sino la falta de datos.
¿Por qué esta compra? En 2020 Renfe adjudicó a CAF la renovación de la flota de ancho métrico. Los planos contaban con medidas erróneas, usando el gálibo geométrico estándar en vez de la realidad física de túneles centenarios. Si los trenes hubieran sido hechos así, se habrían golpeado unas paredes como si fueran las de una casa de pueblo con paredes de ladrillo y se habría vuelto un desastre que provocó la muerte de 46 personas en Adamuz. El retraso de dos‑tres años en la entrega de la nueva flota provocó indignación en las comunidades autónomas.
ADIF ya invirtió 79,8 millones en seis trenes de auscultación (tres Stadler, dos CAF, un Talgo 106 y un Séneca), 47,3 millones en la fase de homologación del Talgo 106 y 21 millones en otra unidad CAF. Ahora, añade la dresina de 14,1 millones, sumando un total de 142,3 millones en equipos de inspección. La cifra se parece a la lista de la compra de un empresario con problemas de crédito, pero la diferencia es que aquí cada euro se gasta para que el tren no se convierta en un coche de choque.
La obra no es una simple compra, es una respuesta a la falta de planificación en el pasado, un recordatorio de que los túneles no son meros pasillos y que la tecnología debe acompañar al presupuesto. ADIF ha decidido que el futuro de la red no será un cuento de “túnel‑tortuga”, sino un viaje sin choques, donde cada metrosse puede ser medido y controlado con la precisión de un reloj de pulsera de alta gama.
Mario Herrera