La ciencia, como el fontanero de guardia, a veces te da sorpresas. Hace unos años, los científicos cantaban victoria: ¡agua en erupción en Europa, la luna de Júpiter! Un oasis potencial, un jacuzzi cósmico para bichos verdes. Pero, como el sablazo en la factura de la luz, la alegría duró poco.
Kurt Retherford, del Southwest Research Institute (SwRI), quien en 2014 sonaba trompetas celestiales, ahora admite que las plumas de vapor detectadas con el telescopio Hubble eran, quizás, un espejismo óptico. Catorce años de datos observados con el HST/STIS, analizando emisiones Lyman-alpha (un trabalenguas para la abuela) revelaron que la ubicación de Europa en las imágenes podía variar un par de píxeles, suficiente para convertir una pluma en ruido de fondo.
El equipo, liderado por Lorenz Roth del KTH Royal Institute of Technology, ha rebajado la confianza en la existencia de esas plumas de un 99.9% a menos del 90%. Menos de lo que tiene el vecino en ganar la lotería. No descartan del todo el agua, ojo, que Encelado (otra luna, la de Saturno) sí presume de géiseres, al igual que Io, la luna volcánica de Júpiter.
Pero la respuesta definitiva, como la solución a la declaración de la renta, la tendremos en 2030 con la misión Europa Clipper de la NASA. Mientras tanto, la búsqueda de vida sigue siendo un laberinto. La investigación se publicó el 5 de mayo en Astronomy & Astrophysics.
Crítica:
La noticia es un ejemplo perfecto de cómo la ciencia avanza: con cautela y autocrítica. Sin embargo, la falta de detalles sobre las limitaciones de Hubble y las incertidumbres en el análisis de datos dificulta una evaluación completa. Es un artículo que podría beneficiarse de un poco más de 'sangre, sudor y lágrimas' en la explicación técnica.
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