Hace 600 años, mientras en Europa te arriesgabas a gritar de dolor en la mesa de operaciones, un médico chino llamado Xia Quan ya tenía un truco bajo la manga: la aconitina. No, no es un perfume exótico, sino un veneno sacado de una planta, el Aconitum, más conocido como 'wolfsbane' o 'monkshood'.
Imagina la escena: bisturíes y fórceps, desenterrados en 1974 en la provincia de Jiangsu, con rastros de esta sustancia que adormece... o mata. Un equipo de la Universidad del Noroeste en Xi’an, liderado por Congcang Zhao, lo descubrió a base de láseres, una tecnología que, curiosamente, también podría usarse para desconectar el wifi del vecino.
La aconitina, según explican, juega con los canales de sodio de las neuronas, un trabalenguas químico que se traduce en: anestesia, si la dosis es la correcta. Pero ojo, que estamos hablando de una sustancia tan tóxica que hoy en día casi nadie se atreve a usarla. Los chinos de la dinastía Ming, sin embargo, eran unos genios.
No solo sabían extraer el veneno, sino que también habían desarrollado métodos para neutralizarlo, como remojarlo en orina de niño (sí, has leído bien) o hervirlo en vinagre. ¡Un detox al estilo antiguo!
Carney Matheson, de la Universidad Griffith en Brisbane, lo tiene claro: es la primera evidencia directa del uso de anestésicos.
Quién sabe cuántas operaciones 'milagrosas' de la época se debieron, en realidad, a un buen truco con las plantas. Así que la próxima vez que te quejes del sablazo en la factura del dentista, recuerda a Xia Quan y su bisturí con veneno... y agradece que la ciencia haya avanzado un poquito.
Crítica:
El artículo se centra demasiado en el descubrimiento técnico y poco en el contexto social de la medicina china de la época. Sería interesante saber más sobre cómo se aplicaba este conocimiento a diferentes clases sociales, o cómo afectó a la percepción del dolor y la enfermedad.
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