Gaitas Eléctricas: El Rock Tiene un Nuevo Sonido
Mientras el bolsillo llora la inflación, un tipo en el Reino Unido lleva 30 años dándole la vuelta a las gaitas. No las tunea, las electrifica. ¿El motivo? Que suene más que una guitarra en un concierto. Porque, seamos honestos, ¿quién va a oír unas gaitas tradicionales con la batería a tope? El inventor, un tal Eryri (nombre en clave, imagino), empezó en 1996 sustituyendo la caña de las gaitas irlandesas (Uilleann pipes, para los entendidos) por una de acero al carbono. Una chapuza que, con el tiempo, se convirtió en una obsesión.
La clave está en el acero. Ese material, conectado a un amplificador, le permite competir con los decibelios de cualquier grupo de rock. Y no solo eso, sino que puede añadirle efectos de distorsión, delays, ¡hasta feedback al estilo Jimi Hendrix! Imaginen la escena: el gaitero, con la gaita pegada al altavoz, buscando el sonido perfecto. La bolsa de aire, por cierto, sigue siendo de piel de cabra, pero tiene un forro de vinilo, el mismo que usan en los asientos de los coches. Una modernidad discreta, vaya.
El resultado es un sonido que confunde a los guitarristas, que se preguntan cómo algo que suena como una guitarra puede no serlo. Un Frankenstein musical que, según el inventor, ha desatado la curiosidad del público. La historia es un recordatorio de que la innovación puede venir de los lugares más insospechados, incluso de un instrumento que, para muchos, es sinónimo de tradición y folclore. Y de que, a veces, para hacerse oír, hay que enchufarse.
Mario Herrera