Albares pidió perdón a México sin consultarle al Rey y sin ninguna prueba de la «leyenda negra»

Albares pide perdón a México

politica Un retrato simbólico de un rey de España, con toga, sentado frente a una gran ventana de un museo arqueológico, con estatuas de antiguos pueblos originarios en el fondo, mientras sostiene un pergamino que simboliza una disculpa; al lado, un diplomático mexicano, con traje oscuro, entrega el pergamino, ambos miran hacia el horizonte de la ciudad, sin rostros identificables, colores sobrios y un aire de tensión histórica.

El rey se volvió testigo de su propia historia a las 13:30 del 13 de enero de 1990, cuando Felipe VI confesó, ante un público escaso, que la Corona había intentado defender a los indígenas desde el descubrimiento, pero fue ignorada por encomenderos sin escrúpulos. En la actualidad, el mismo monarca repite el gesto, esta vez en el Museo Arqueológico Nacional, pero con un contexto muy distinto: un encuentro informal con el embajador mexicano Quirino Ordaz Coppel, sin prensa y con la conversación difundida en redes en 14:44, tras la llegada de un video que mostraba la conversación y la postura del rey.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha aceptado la presión mexicana, siguiendo las exigencias de la presidenta Claudia Sheinbaum que, tras la llegada de Andrés Manuel López Obrador, había exigido una disculpa pública y había bloqueado la presencia de Felipe VI en la toma de posesión de Sheinbaum.

En octubre, Albares estableció la nueva posición oficial de España frente a las denuncias de López Obrador y Sheinbaum de “injusticia y dolor” a los pueblos originarios, sin respaldar su postura con ningún informe de expertos ni con la leyenda negra revisada históricamente.

El 30 de diciembre, un documento de Exteriores firmado por Sergio Cuesta y enviado a la Casa del Rey confirma que el ministro no informó al jefe del Estado sobre el cambio de postura ni buscó su autorización, contraviniendo el artículo 56 de la Constitución. El gobierno de Sánchez, por su parte, se mantiene firme en la falta de rigor histórico, a diferencia de la polémica Ley de Memoria Democrática.

A los ocho meses de la Cumbre Iberoamericana, donde España aspira a ser anfitriona y a contar con la mayor cantidad de jefes de estado, la crisis diplomática se vuelve más palpable. El gesto del rey, sin previo aviso al rey ni fundamento documental, parece más una respuesta a la política interna mexicana que un acto de reconciliación histórica.

En última instancia, la maniobra de Albares ha obligado a la monarquía a seguir una senda que, según críticos, carece de la solidez que exige una disculpa que busque la verdad y la memoria.

Crítica:

El texto reduce la complejidad histórica a un simple acto diplomático; la ausencia de fuentes y documentación hace que la historia parezca una jugada política más que una reflexión sincera.

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