Cuando la prensa parece haber perdido el compás, el rumor de una cumbre entre Estados Unidos y Marruecos en Washington, a la que se le añade un toque de ‘cena de gala’ al margen de la discusión sobre Rota y Morón, resulta casi como un episodio de un telenovela de la vida real.
El 2024 se abre una nueva página en el libro de la defensa que no necesita un subtítulo: la alianza Marruecos‑EE. UU. se vuelve la nueva receta de la política exterior, y el drama de las bases españolas se escribe en mármol y cartón postal. El encuentro, bajo el paraguas del Comité Asesor de Defensa (DAC), se celebra en diciembre de 2024, con la última reunión en Rabat en mayo de 2024.
Este comité, que se reúne bienalmente entre Washington y Rabat, ha estado afinando una hoja de ruta 2020‑2030 que promete modernizar las Fuerzas Armadas marroquíes, mejorar la interoperabilidad y planear ejercicios como el “African Lion”. El nombre que suena a león es, de hecho, la promesa de un entrenamiento que no se ve en las revistas de la defensa. El viajero de Washington, Bryan J.
Ellis, subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos Africanos, se fue a Marruecos en enero para inspeccionar la base aérea Ben Guerir, construida por EE. UU. en 1951. Esa base, que podría ser la “caja de herramientas” de la nueva alianza, está preparada para recibir tropas que no tienen que pasar por la burocracia de la OTAN. Mientras tanto, en la Casa Blanca, el presidente Trump y sus círculos están evaluando la idea de mover las fuerzas de Rota y Morón a países más “colaborativos”.
Rota, con su infraestructura aerotransportable y su rol en el escudo antimisiles, es un activo tan valioso que trasladarlo a Marruecos requeriría más que un cambio de dirección; sería una especie de “cambio de coche sin licencia”. La base española, con décadas de inversión, no puede reemplazarse simplemente con una nueva ubicación en el Estrecho. El conflicto no es sólo militar.
Los desacuerdos entre Trump y el presidente español Pedro Sánchez, sobre gastos de defensa y la prohibición de usar instalaciones militares españolas contra Irán, se mezclan con la preocupación de que la España cercana a China pueda ser una “puerta de entrada” para la influencia china en el Atlántico.
En medio de este drama, la cumbre de Washington se presenta como un “sablazo” en la factura de la política exterior de EE. UU., una maniobra que busca afilar la relación con Marruecos mientras se mantiene la distancia con España. La ironía de la situación es que, mientras Marruecos se prepara para ser el nuevo aliado, España se ve al borde de un debate que podría terminar con la retirada de tropas.
¿El resultado? Un juego de ajedrez donde los peones son bases militares y el rey la política de defensa a largo plazo, y donde cada movimiento cuesta millones de dólares y cientos de vidas en la lógica de la geopolítica.
Crítica:
La pieza omite detalles sobre la financiación exacta de la cooperación; la narrativa parece favorecer la visión de EE. UU. sin cuestionar al detalle la posición de España.
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