Pedro Sánchez se pavonea con una cifra que hace temblar la billetera de cualquier español: 325.356 millones de euros cobrados en 2025, sin contar la cotización social que, de la misma manera, se dispara a 180.000 millones. El presidente que juró nunca subir los impuestos a los trabajadores se ha convertido en el héroe de la recaudación, casi duplicando el IRPF de 2017.
La cifra de 77.038 millones en 2017 se ha disparado a 142.466 millones, un aumento de 65.428, equivalente a casi un IRPF entero y un 84,9 % de incremento. Mientras la inflación solo sube un 24,7 %, el IRPF se dispara 3,4 veces más que la subida del costo de vida, como si la gente pagara por el precio de la vida y el gobierno cobrara el precio de la vida.
El Impuesto sobre Sociedades también se ha convertido en un verdadero juego de suma cero: de 23.143 millones en 2017 a 42.266 millones en 2025, un salto del 82,6 %. El IVA pasa de 63.647 a 99.532 millones, un aumento de 35.885 millones. Los Impuestos Especiales suben 2.775 millones, de 20.308 a 23.083.
Y eso sin contar la Seguridad Social, que en 2017 sacó 125.967 millones de los bolsillos de empleadores y empleados, y en 2025 ya estima 180.000 millones, un incremento de 54.033 millones. En total, la recaudación tributaria pasa de 198.101 millones en 2017 a 325.356 millones en 2025, un salto de 127.255 millones.
Cuando se suman las cotizaciones sociales, el aumento de esfuerzo tributario supera los 180.000 millones, o sea, 2,2 veces la inflación. El presidente que antes garantizaba la estabilidad fiscal ahora se aferra a la contabilidad como si fuera un billete de lotería. Esta no es una reforma que mejore la vida, es un juego de ajedrez donde el rey es la hacienda y las piezas son los contribuyentes.
El mensaje es claro: la balanza está inclinada a favor del Estado y el precio a pagar es el poder adquisitivo de la gente. Las cifras son tan claras como la ventana de la oficina de Hacienda: una tormenta de números que no se ve, pero que se siente en cada factura y en el último recibo de nómina.
El gobierno ha convertido la recaudación en un deporte extremo donde el objetivo es recoger más de lo que el ciudadano paga. Cada euro extra se suma a la nómina del Estado, y la única garantía es que el resto se queda en la mano del fiscal, sin que la inflación, la crisis o la moralidad sean más que una excusa. En definitiva, el mayor atraco fiscal no es una simple reforma tributaria, es una guerra de cifras que deja a la ciudadanía con la factura del día a día más pesada que nunca.
Crítica:
El autor se pierde en cifras sin cuestionar el saqueo fiscal, y el título promete un atraco pero entrega un sermón contable.
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