Almeida advierte que el Ayuntamiento "no se hace responsable de la chapuza" de la regularización hecha "por...

Almeida lanza bomba: 'chapuza migratoria'

politica Una sala de reuniones municipal con mesas y sillas, sobre una de ellas una mano sosteniendo un documento con un sello rotundo, luces tenues, ambiente tenso, sin rostros identificables.

El 16 de abril, el Almería, con la misma pompa que un brindis de pisco en una cantina, se lanzó al ruedo y le dio un fuerte golpe al Gobierno con la frase: "no se hace responsable de la chapuza". El alcalde de Madrid, José Luis Martínez‑Almeida, se puso la máscara de la dignidad y, al mismo tiempo, la del juez de la calle que no quiere que su barrio se convierta en un escenario de la película *«Regularización en la sombra»*.

La historia comienza en la Junta de Gobierno de Carabanchel, donde el concejal‑presidente Carlos Izquierdo, con la sonrisa de quien sabe que el pan está en la mesa pero el hambre no se ha ido, alzó el tono. “La dignidad de las personas es innegociable para nosotros, pero para Pedro Sánchez es negociable por cuatro votos de Podemos”, soltó, mientras la sala se llenaba de un silencio que hacía más que hablar.

¿Y qué es la chapuza? Según Almeida, es la receta del Gobierno de España que, con la misma delicadeza con que se elige una cesta de frutas, decidió regularizar a migrantes con antecedentes policiales graves. El ministro de Inmigración, que está entre viajes a China y reuniones de gabinete, parece haber olvidado que los ciudadanos no son notas de crédito.

Almeida, con la calma de un café pasado, dijo que no es xenofobia. “No es racismo ni xenofobia decir que se van a regularizar gracias a ese decreto personas que cuentan con antecedentes policiales gravísimos”. Y en la misma frase, la ironía no se siente, se ve. El alcalde pidió al presidente que convoque a los ayuntamientos y a los 22 ministros, y que, mientras tanto, el Ayuntamiento de Madrid se mantenga a la distancia de la chapuza.

Los servicios públicos, al final, están a disposición de los migrantes, pero la responsabilidad de la mala gestión se queda en el nivel nacional. Esta crónica no ofrece cifras exactas, pero sí un panorama claro: la ciudad se niega a ser la caja de Pandora de un gobierno que, con cuatro votos de Podemos, se atreve a poner en riesgo la seguridad y la dignidad de miles de personas.

La política local se vuelve una película de telenovela donde el protagonista es la burocracia y el público, el espectador que, al final, paga la factura de la indiferencia.

Crítica:

El titular suena como un grito de protesta, pero el cuerpo se queda en la falacia moral de la ciudad. Falta profundidad sobre el proceso jurídico y solo se alimenta de la polémica sin sustancia.

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