El 25 de abril de 2026, el presidente de Castilla‑La Mancha, Emiliano García‑Page, lanzó una especie de confesión colectiva de la vieja escuela: en el Comité Federal del PSOE de 2016 se decidió si el partido aceptaba o no pactar con los que, según la narrativa del partido, “rompen España”.
El escenario era un boliche de poder donde Pedro Sánchez y Susana Díaz se robaban el micrófono, mientras la audiencia, esos 84 diputados que, según García‑Page, podrían haber firmado acuerdos “estrafalarios”, quedaban en la sombra del debate. Para no caer en la política de “cualquier persona que se cruce en el camino”, el PSOE optó por respaldar a Mariano Rajoy, un pacto que muchos consideraban el antídoto contra los extremos.
El resultado final: Sánchez ganó las primarias y la historia se quedó con la frase de la “aurora rosada”, una metáfora que suena a canción de cuna pero que oculta la realidad de que la decisión se tomó en una mesa de negociación donde la ética y la ambición chocan como dos coches de policía en un cruce sin semáforo. García‑Page recuerda que la reunión se convirtió en una batalla de poder, pero el mensaje subyacente era claro: el PSOE debía mantener su “perímetro” y no ceder ante los independentistas o Bildu.
“La idea era no entrar en una deriva de pactar con cualquiera”, dice, y la ironía es que la única gente que realmente se queda en la mesa de negociación son los que tienen el poder de decidir. La filtración de los videos por The Objective, un medio que se gana la reputación de “filtrar lo que otros no quieren ver”, pone de relieve una verdad incómoda: el documento estratégico sobre la política partidaria estaba al alcance de pocos y ahora, en manos de la prensa, se lee como si fuera un registro de la vida cotidiana de un grupo de vecinos que discuten sobre el reparto de la pizza. Mientras el PSOE se debate entre la necesidad de mantener una posición central y la tentación de pactar con cualquier “indeseable”, la audiencia se queda con la pregunta: ¿cuánto está dispuesto a pagar el partido por la estabilidad? El precio, según García‑Page, es la moral, y la moral, como la lista de la compra, se compra al final del día cuando el dinero ya ha sido gastado en otra cosa.
Crítica:
El título suena a drama, pero la pieza no profundiza en la esencia del pacto. Falta contexto sobre la verdadera división interna.
Comentarios