The Irish language is having a moment — and running out of time

Irlandés: la lengua que todo el mundo quiere escuchar

politica Una escena urbana en Dublín al atardecer, con un grupo de jóvenes en un pub, todos hablando irlandés mientras los letreros de los bares y la calle están bilingües. Al fondo, un mural que mezcla símbolos de la UE y de la cultura gaélica, sin rostros reconocibles, con colores vivos y un toque de grafiti.

El irlandés, esa lengua que la Constitución declara la primera oficial pero que solo 72.000 personas usan en la vida real, acaba de recibir su propio palmo en la mesa de los ministros de la Unión Europea. En julio, cuando Irlanda asume la Presidencia giratoria del Consejo, las comunicaciones oficiales se emitirán en irlandés y en inglés por primera vez, y los ministros se alientan a lanzar un 'Hola' en gaélico al abrir o cerrar una sesión.

El gesto es simbólico, pero la paradoja es brutal: la lengua es la más protegida del bloque, pero su supervivencia se resuelve en la cifra de la encuesta de 2022, donde 1,9 millones dijeron 'puedo hablar' (40 % de la población), a la sombra de 72.000 hablantes diarios (1,5 %). La historia de la lengua es una caricatura: en 1800, casi toda la isla hablaba irlandés; la Gran Hambruna (1850) y la colonización inglesa descompusieron el territorio.

La independencia en 1922 elevó el idioma a símbolo de identidad, pero la enseñanza obligatoria de irlandés en las escuelas convirtió la lengua en una materia de examen más que en una herramienta de conversación. No fue hasta la aparición de fenómenos culturales como Kneecap, cuyo rap en irlandés hizo que la palabra se volviera 'cool' entre los veinteañeros, o CMAT que abre su álbum con una frase en gaélico, que la lengua empezó a fluir de nuevo. El auge digital es palpable: Duolingo lleva a 1 millón de usuarios aprendiendo irlandés, y más de 5 millones de extranjeros han iniciado un curso.

En Londres, el Centro de Irlanda tiene más de 2 000 personas en lista de espera y City Lit reporta un incremento del 57 % anual en sus clases. Las escuelas de habla irlandesa han crecido de 16 000 a 52 000 estudiantes desde 1990. Sin embargo, la brecha entre 'puedo hablar' y 'hablo a diario' es enorme.

Si la pregunta de la encuesta cambiara a '¿hablas irlandés diariamente fuera de la escuela?', la mayoría blanca se vería reducida a un tono pálido, con apenas el 1,5 % de los habitantes de la República y menos del 5 % en el Norte. Con el pronóstico de Conchúr Ó Giollagáin de que la lengua puede desaparecer en la próxima década, el futuro se ve tan incierto como el clima de una tormenta irlandesa. Para que el irlandés resista, la experiencia de Gales sirve de espejo: con inversión sostenida y objetivos claros, ha alcanzado 430 000 hablantes diarios y apunta a un millón para el medio siglo.

En Francia, el Breton sigue decaído pese a escuelas de medio. Frisón, con su cooficialidad y uso diario, demuestra que la convivencia lingüística funciona cuando la lengua se habla en casa, no solo en el aula. El momento histórico de la presidencia de la UE es un aplauso de reconocimiento, pero la pregunta que queda es: ¿podrá el irlandés pasar de un símbolo de identidad a un idioma vivo y respirado en las calles de Dublín y más allá? El tiempo, y el parlante que lo use, lo decidirán.

Crítica:

El artículo subestima la brecha entre la identidad cultural y la práctica diaria; sin embargo, destaca de manera efectiva la ironía de la lengua oficial que apenas se habla.

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