El CIS, o cómo convertir un premio sociológico en un cheque regalo para los amigos del Gobierno.
Mientras los españoles nos quejamos de que hasta el pan sube de precio, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) —ese organismo que supuestamente mide el termómetro social con pulso científico— decidió gastarse 8.971,86 euros en publicidad para su Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política en 2025.
La gracia del asunto: todo el dinero a medios afines al Gobierno. No fue un capricho, ni un error de contabilidad: fue una decisión estratégica. El País, La Vanguardia y eldiario.es se repartieron el pastel como si fuera un menú del día en un restaurante de confianza. 2.202,20 euros para el primero, 2.769,69 para la segunda (que, por cierto, también es del grupo Godó, pero eso ya es otro sablazo en la factura de la democracia), y 3.999,97 para eldiario.es, redondeando la cifra a lo premium con IVA incluido.
Cero euros en ABC, El Mundo, La Razón o cualquier otro medio que no susurra al oído del PSOE.
Pero, ¿no es eso ilegal? Pues no del todo. El CIS aduce que la normativa actual —la Orden PJC/620/2024— solo obliga a publicar la convocatoria en un diario nacional. Un solo medio.
Como si elegir uno fuera como comprar un billete de lotería: si aciertas, ganas; si fallas, te quedas sin premio. La antigua ley, la de 2018, exigía dos diarios, pero alguien en Moncloa debió pensar: «Con uno afín basta». Y así, con un trazo de bolígrafo, se convirtió un acto de transparencia en un favorito del Gobierno.
José Félix Tezanos, presidente del CIS desde 2018 y eterno hombre de confianza, lleva años bajo el microscopio.
No solo por los sondeos que se desvían de la realidad como un churro mal hecho, sino por el Tribunal de Cuentas que le vigila como un halcón y por la querella del PP que le acusa de manipular las encuestas para beneficiar al PSOE. ¿Casualidad? Que el CIS —financiado con dinero público, por cierto— publique sus convocatorias solo en medios que le hacen la pelota.
¿Coincidencia? Que Tezanos lleve siete años en el cargo sin que nadie le toque, mientras el Senado le pide el pase desde 2023.
Lo irónico es que el CIS se presenta como el termómetro de la sociedad. Pero si para anunciar un premio sociológico solo contratas a los amigos, ¿qué nos dice eso de su imparcialidad? Nada bueno.
Como cuando tu vecino te dice que tu casa huele a gas y resulta que es él el que ha dejado el horno encendido. El CIS no mide la opinión pública; la moldea. Y mientras, los españoles seguimos pagando el pato.
Datos duros que pican más que un chiste malo:
- 8.971,86 euros en publicidad para un premio que podría haberse anunciado en todas las redes sociales (y gratis).
- Tres medios, cero competencia: El País, La Vanguardia y eldiario.es, todos con tendencia conocida.
- 2025: Año en que el CIS demostró que su neutralidad es tan sólida como un castillo de naipes.
- 2018-2025: Siete años de Tezanos al mando, siete años de polémicas, y ni un solo cambio en el sistema de elección de su presidencia.
La moraleja callejera: Si hasta para anunciar un premio el CIS prefiere gastar en amigos antes que en pluralidad, ¿qué nos queda por descubrir? Que la sociología oficial es como el tiempo: siempre nublado cuando te conviene.
Crítica:
El artículo de The Objective desgrana los datos con precisión quirúrgica, pero echa en falta un análisis más contundente sobre cómo esta publicidad encaja en la estrategia de soft power del Gobierno: ¿Es casual que se elijan medios con línea editorial afín? El título original es correcto, pero podría ser más punzante: 'Tezanos convirtió el CIS en agencia de publicidad del PSOE' habría sentado como un puñetazo en la mesa. Además, no profundiza en el conflicto de intereses: si el CIS financia sondeos que luego benefician al Gobierno, ¿no es esto solo la punta del iceberg de una relación más podrida?
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