El visado como arma de guerra fría (y caliente) entre vecinos Mientras en Nador los abuelos marroquíes suspiran por volver a cruzar a Melilla sin pasar por la lotería del visado Schengen —sí, ese papelito que cuesta más que un billete de avión a la luna—, el exsenador Yahya Yahya ha sacado la artillería pesada: una carta a Mohamed VI pidiendo que el rey tire de hilo y abra Farhana, el paso fronterizo cerrado desde marzo de 2020, como quien cierra el grifo del agua en pleno verano.
La ironía es que Yahya Yahya, ese eterno lobo fronterizo (alcalde de Beni Enzar, activista del Peñón de Vélez de la Gomera en 2012 y presidente del Comité de Amistad Hispano-Marroquí), ahora juega a ser el abogado de los corazones rotos de la región. Pero ojo: no es caridad, es estrategia. El negocio del dolor familiar (y el del comercio) Yahya Yahya no regala flores: en su misiva, el visado Schengen lo pinta como un cortafuegos humano que separa a familias en fechas clave, como el Eid al-Adha (27 de mayo), cuando los marroquíes de Nador quieren cruzar a Melilla a comprar carne o reunirse con seres queridos.
Pero hay más: el exsenador vincula la reapertura de Farhana con el proyecto portuario Nador West Med, ese elefante blanco que Marruecos quiere vender como la panacea económica de la zona. ¿Casualidad? Que el paso fronterizo cerrado ahogue el comercio diario entre ambas orillas es, digamos, un detalle logístico incómodo. España responde con el escudo Schengen (y el puño en la mesa) Mientras Yahya Yahya teje su discurso de unión familiar y movilidad, el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, ha sacado el modo fortín: «Estoy harto de intromisiones», espetó en rueda de prensa, como si la frontera fuera su reino privado.
Imbroda defendió a capa y espada la aplicación plena del sistema de frontera inteligente de la UE (reconocimiento facial, huellas, registros digitales…), ese Big Brother fronterizo que desde 2025 convierte Melilla en un laboratorio de control biométrico. El mensaje es claro: visado sí, negociación no.
Pero aquí viene lo gracioso: en 1995, España y Marruecos firmaron un acuerdo que permitía a los nadoríes entrar a Melilla sin visado. ¿Dónde está el problema? En que la UE, con su burocracia de acero, decidió que la excepcionalidad tiene fecha de caducidad. El comité de los olvidados (y los que mandan) Para darle más peso a su causa, Yahya Yahya creó el Comité Preparatorio para la Defensa de los Residentes de Farhana (5 de mayo, recién salido del horno).
Un grupo de sociedad civil que, según él, representa a los afectados. Pero aquí la pregunta del millón: ¿por qué ahora? ¿Por qué no antes, cuando Farhana llevaba tres años cerrada y el visado ya era un requisito de lujo? Quizás porque el timing es perfecto: con el Eid al-Adha a la vuelta de la esquina, el drama familiar vende más que un folleto de turismo low cost. La frontera como ajedrez político Lo cierto es que este pulso no es nuevo.
Es el eterno juego de tronos entre soberanía, economía y simbolismo. Marruecos quiere mover piezas: reabrir Farhana no solo es un gesto humanitario (o eso dice Yahya Yahya), sino un recordatorio a España de que la frontera es negociable. España, por su parte, se agarra al espacio Schengen como un escudo antiinmigración, aunque eso signifique convertir a abuelos y comerciantes en enemigos del sistema.
El resultado: una frontera que se abre y cierra como un acordeón político, donde los perdedores siempre son los de abajo —los que viven al otro lado del muro y ven cómo les cierran el paso mientras los políticos juegan al ping-pong diplomático. Datos que pican más que el sol de Melilla en agosto - 13 de marzo de 2020: Marruecos cierra Farhana por pandemia (y aún sigue cerrado). - Mayo 2022: Reabren Beni Enzar, pero Farhana sigue en stand by. - 2025: Melilla adopta el sistema de frontera inteligente de la UE (adiós, visados express). - 5 de mayo de 2024: Nace el Comité de los Olvidados de Farhana. - 27 de mayo de 2024: Eid al-Adha.
Día en que los marroquíes de Nador más lo necesitan. Moraleja callejera: En la frontera, como en la vida, el que tiene el dinero y el poder decide las reglas. Y aquí, el visado es el peaje de entrada a un juego donde los peones son familias enteras.
Crítica:
El artículo omite analizar el rol de la UE en la imposición del sistema Schengen en Melilla, reduciendo el conflicto a un duelo España-Marruecos. Además, la carta de Yahya Yahya merecía más contexto: ¿es realmente un gesto humanitario o una maniobra para presionar a España en otros frentes? El titular original es neutro, pero aquí se gana al exponer el visado como herramienta política, no como un mero trámite burocrático.
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