Crítica:
La noticia es un eco de acusaciones graves, pero carece de la investigación independiente que le daría peso. El titular, aunque atractivo, simplifica en exceso una situación compleja y podría alimentar la polarización.
La noticia es un eco de acusaciones graves, pero carece de la investigación independiente que le daría peso. El titular, aunque atractivo, simplifica en exceso una situación compleja y podría alimentar la polarización.
El CIS, o como diría mi abuela, la máquina de hacer creer, vuelve a la carga. José Félix Tezanos, su actual director, no hace encuestas, hace alusiones. Y al parecer, esas alusiones siempre apuntan hacia el mismo lado: el PSOE. Mientras la ciudadanía intenta llegar a fin de mes, Tezanos infla los números socialistas como si fueran globos aerostáticos. La denuncia del PP, que habla de un "modelo bidimensional" (¿alguien dijo que la realidad es más compleja?), no es nueva. De hecho, los números lo gritan: en las elecciones de Madrid 2021, el CIS le dio 14 puntos de ventaja al PSOE, una cifra que en la vida real no se vio ni con prismáticos. En Andalucía 2022, otros 9 puntos de generosidad estadística. Y así, sucesivamente. Galicia 2024: +10,5 puntos. Europeas 2024: +8,97. Un patrón que huele a chamusquina y a conflicto de intereses. Porque, claro, Tezanos viene del PSOE, es amigo del PSOE, y hasta sus revistas (financiadas con nuestros impuestos, por cierto) son pro-PSOE. Tragsatec, una empresa pública sin experiencia en esto, se ha encargado del trabajo de campo, engordando el gasto sin mejorar la precisión. Se habla de "indicios racionales de criminalidad", de "manipulación estructural", de una "cortina metodológica opaca". En resumen, una historia que, vista desde la calle, parece más un sainete político que un ejercicio de ciencia social.
El juez Pedraz ha desenterrado, ni más ni menos, 22 reuniones secretas en el cuartel general del PSOE. ¿Para qué? Para “gestionar” a los enemigos de Pedro Sánchez, claro. Mientras tú pones a caldo el fin de mes, la maquinaria del partido, liderada por Santos Cerdán y su fontanera Leire Díez, se movía como pez en el agua, utilizando la sede de Ferraz como búnker de operaciones. El auto judicial, al que ha tenido acceso Libertad Digital, revela que el PSOE no solo proporcionó la sala, sino que también pagó los viajes, billetes de avión (Covadonga San Pedro Pascual, Celia Rodríguez Alonso ya tienen nombre y apellidos), y la logística para que Díez y compañía hicieran su trabajo. Desde abril de 2024 hasta mayo de 2025, una agenda apretadísima de coordinación y “dación de cuentas”. Y ojo, que no estamos hablando de un café y un bizcocho: el partido se encargaba de todo, desde reservar el vuelo de vuelta a casa de Díez hasta financiar reuniones en ciudades como Zaragoza con Javier Pérez Dolset. ¿La factura? Asumida por el partido, por supuesto. Esto no es un agujero contable, es un desahogo a costa del erario público. La trama Sepi, que ya olía mal, ahora apesta a podrido. Porque mientras el ciudadano de a pie aprieta el cinturón, el PSOE, según el juez Pedraz, utilizaba los fondos públicos para saldar cuentas personales y políticas.
Un millón de personas. Ese es el número que el Gobierno de Pedro Sánchez regularizó, según la propia Pilar Cancela, secretaria de Estado de Migraciones. Un millón de nuevas tarjetas de residencia, un millón de votos potenciales, y un silencio sepulcral alrededor de los informes que justificaron semejante operación. ¿Por qué tanta prisa en legalizar a tanta gente y tanto miedo a mostrar los deberes? El PP huele chamusquina, y no sin razón. Acusan al Ejecutivo de ocultar datos, de poner zancadillas al control parlamentario, de tratar los informes como si fueran la receta secreta de la Coca-Cola. Y mientras tanto, ayuntamientos y ONG se ahogan en una marea de papeleo, con controles relajados que recuerdan a la cola del supermercado un sábado por la tarde. La prisa, al parecer, es mala consejera… especialmente cuando se trata de regularizar a personas sin pedir antecedentes policiales (inicialmente, al menos). Lo más inquietante es el cambio potencial en el tablero electoral. Un millón de nuevos votantes en las municipales, y la posibilidad de nacionalizaciones masivas en el horizonte. ¿Casualidad que todo esto ocurra a pocos meses de las elecciones generales? El PP sospecha que no, y exige transparencia. Pero el Gobierno se escuda en el “secreto” y la “tramitación en curso”, como si las leyes se aplicaran a cámara lenta. La orden que declara los documentos secretos sigue siendo un misterio, al igual que la evaluación de riesgos que, según algunos, nunca existió. Un agujero negro informativo donde podrían esconderse datos comprometedores. La falta de luz es, cuanto menos, sospechosa. La pregunta que flota en el aire es simple: ¿qué esconde el Gobierno? ¿Una evaluación de riesgos desastrosa? ¿Advertencias de la UE ignoradas? ¿Un coladero de seguridad que podría poner en peligro la seguridad nacional? La respuesta, por ahora, está bajo llave.
La Moncloa, con su afán de eficiencia digital, quería traductores disponibles 24/7. Sí, como esos camareros que te atienden a las 3 de la mañana, pero con textos en catalán o euskera. El Tribunal Administrativo, con la sensatez que a veces florece en la burocracia, le ha dicho: “¡Alto ahí!”. La licitación inicial, lanzada en diciembre, parecía redactada por un robot con delirios de control. Exigían disponibilidad perpetua para traducir, con la promesa velada de que las urgencias serían…urgentes. Seprotec Traducción e Interpretación, una empresa con nombre de película de espías, recurrió, alegando que el presupuesto era ridículo para semejante esclavitud moderna. Y tenían razón. ¿Cómo cubrir 24 horas con dos traductores por idioma? Apenas 80 horas semanales, lo que equivale a que el equipo duerma con el diccionario abierto. La Moncloa se defendió, alegando que solo querían un canal abierto para recibir mails, no obligar a nadie a trabajar sin descanso. ¡Vaya, qué considerados! El Tribunal, sin embargo, no se tragó el cuento. Consideró que la redacción era tan clara como el agua (o tan turbia como los intereses en juego) y que implicaba la obligación de atender y traducir, a cualquier hora. La Justicia ha dictaminado que la exigencia de disponibilidad constante es “manifiestamente excesiva”. Ahora, la licitación vuelve a empezar, con condiciones más humanas. Al final, hasta los traductores necesitan dormir, cenar y tener una vida. Y, seamos sinceros, la prisa no suele mejorar la calidad de la traducción. El Gobierno, en su intento de aparentar agilidad, se ha topado con una realidad ineludible: la calidad humana no se puede licitar a precio de saldo.
Alcorcón se ha gastado 3 millones de euros en una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) que, ojo, es más un colador que una barrera. La alcaldesa, Candelaria Testa, tuvo que desempatar con su voto porque, al parecer, incluso dentro del PSOE dudaban si esto era una ocurrencia o un timo. La ZBE, que no estará operativa hasta 2030 (sí, has leído bien, ¡2030!), permite entrar a los coches viejos si vas a ver a la abuela, al médico o a hacer un negocio. ¡Un clásico! El 2,5% del parque automovilístico se verá afectado, según la concejala de Transición Ecológica, Trinidad Castillo, que defiende la medida con la misma convicción que un vendedor de cremas antiarrugas. La oposición, con Vox a la cabeza, clama contra esta “ingeniería social” que, según ellos, perjudica a los trabajadores y autónomos. El PP, por su parte, reconoce que es una exigencia europea para seguir recibiendo fondos, pero critica el modelo. En resumen, 3 millones de euros para que Alcorcón parezca que hace algo por el medio ambiente, mientras que los coches contaminantes seguirán circulando con un simple “voy a ver a mi tía”. El Ayuntamiento, eso sí, promete ayudas para paneles solares y coches eléctricos. ¿Será una forma de lavar la conciencia o de justificar el gasto? El debate, como es habitual, está servido y el aire, lamentablemente, no se está limpiando.
Bruselas, con la paciencia de un santo, ha tenido que dejar por escrito lo que todos sospechábamos: las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) no son una imposición europea, sino una ocurrencia del Gobierno de Pedro Sánchez. Un sablazo a los conductores, disfrazado de ecologismo. La Comisión Europea, a través del comisario Apostolos Tzitzikostas, ha confirmado al Partido Popular (Borja Giménez Larraz, Esther Herranz, Susana Solís y Raúl de la Hoz) que la directiva de calidad del aire deja a cada país elegir cómo cumplir con los límites de contaminación. Es decir, un abanico de opciones, no un decreto ley. Mientras tanto, en España, el parque automovilístico envejece a un ritmo preocupante: una media de 14,5 años, con más del 62% de los coches superando los diez años. La guinda del pastel: los vehículos eléctricos representaron menos del 5% de las ventas en 2024. ¿A quién se le ocurre, en estas condiciones, restringir el acceso a las ciudades? Se justifica con el principio de subsidiariedad, pero la realidad es que se está penalizando a quienes no pueden tirar de tarjeta para comprarse un coche nuevo. Unos datos duros que dinamitan la narrativa oficial. La excusa de Europa se ha venido abajo, dejando a Sánchez sin coartada. El Gobierno, como buen ilusionista, intentó hacer pasar un truco de magia por una medida necesaria, pero Bruselas ha destapado el engaño.
Un millón de euros. Esa es la cantidad que ha llovido sobre el Ateneo de Madrid desde que Luis Arroyo, ex-asesor de Zapatero y ahora su portavoz oficioso, tomó las riendas. Mientras tú y yo nos apretamos el cinturón para pagar la lista de la compra, el Ateneo se ha visto inundado de subvenciones públicas. Arroyo, un currículum socialista hasta la médula (Director de Gabinete, Subdirector… ¡parece un árbol genealógico del PSOE!), llegó al Ateneo en 2021 y desde entonces ha sabido cómo 'tirar de la cartilla' a los gobiernos de turno. 943.855 euros, para ser exactos, entre 2021 y 2026. Pero ojo, no todos los ateneos son iguales. El de Barcelona, por ejemplo, se conforma con apenas 60.000 euros. ¿Acaso la cultura catalana es menos 'democrática'? El contraste es brutal. En diciembre de 2024, el Gobierno aprobó una jugosa subvención de 400.000 euros para la “memoria democrática” en el Ateneo. Un detalle: Pedro Sánchez eligió precisamente este Ateneo para dar el pistoletazo de salida al curso político. Más del 90% de los invitados a los desayunos informativos, adivinen… afines al Gobierno. La Comunidad de Madrid, harta de este 'favoritismo', cortó una subvención de 100.000 euros en 2023. Arroyo, lejos de amilanarse, renovó su mandato el 26 de mayo. El dinero público, al final, parece haber comprado más lealtades que cultura. Una historia vieja, con nuevos actores y la misma partitura.
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