Pujol y Andorra: 30 millones ocultos
Con la llegada del verano de 1992, un tren de billetes se deslizó por las estrechas calles de Andorra, cargando el peso de la ambición y la sombra de la ilegalidad. Entre 1992 y 2004, la familia Pujol, encabezada por Josep Pujol Ferrusola, depositó en cuentas del Andbank y el BPA casi 5.000 millones de pesetas, equivalentes a 30 millones de euros, todo en efectivo. La cifra se esconde tras una red de subcuentas: una en pesetas, otra de tránsito, una en euros y otra en dólares americanos, cada una con su propio patrón de movimientos.
El inspector de la UDEF, segundo testigo ante la Audiencia Nacional, reveló que de 1993 a 2000 se registraron 25 ingresos en efectivo de 204 millones de pesetas, de origen desconocido, y que en la subcuenta en euros se detectaron tres depósitos de cerca de un millón cada uno. Pero la trama no se limitó a los billetes; un cuadro elaborado por la Policía mostró 18 fechas entre 1995 y 2003 en las que los hermanos –Josep, Jordi, Oriol, Oleguer, Pere, Mireia y Marta Ferrusola– ingresaron más de 1.200 millones de pesetas en efectivo, coordinando movimientos para diluir la trazabilidad.
Los hermanos también intercambiaron fondos entre sí: Josep recibió ocho transferencias de sus hermanos por unos 25 millones de euros, principalmente de Jordi, y realizó 14 envíos a los mismos por 48 millones de pesetas, mayormente a Jordi y Oriol. El 25 % de los ingresos en la subcuenta de pesetas se destinó a inversiones financieras, el 55 % a compraventa de moneda y el 10 % a depósitos a plazo fijo, una maniobra clásica de blanqueo.
En junio a noviembre de 1997, la cuenta de Josep recibió abonos de casi 750 000 dólares provenientes de Suiza y Mónaco, mientras que la cuenta de BPA, abierta entre 2016 y 2017, mostraba ingresos superiores a 2 millones de euros y 34 disposiciones en efectivo de 1.600 000 euros. Además, se hallaron transferencias de más de un millón de euros a cuentas españolas y depósitos con el concepto «arbit», posiblemente una criptomoneda.
La trama se complejiza con un préstamo ficticio entre Jorge B., directivo de CAT Helicopters, y los hermanos Jordi y Josep, que la Fiscalía sospecha que facilitó el blanqueo de capitales. Este supuesto préstamo se habría vinculado a contratos públicos de CAT Helicopters con el Servicio Catalán de Tráfico entre 2008 y 2015, generando una sospecha de connivencia y posible incompatibilidad que la Intervención General no pudo confirmar.
Todo ello pinta un cuadro de una familia que, a lo largo de doce años, utilizó la banca andorrana y la sofisticación de múltiples monedas para ocultar la procedencia de sus riquezas, mientras el sistema judicial intenta desenredar las capas de dinero negro que todavía aguardan su veredicto.
Cristóbal Herrero